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El Pulso del Espíritu

Nuevas ideas, inspiración y visión sobre el proceso de transformación espiritual



Marcadores en el libro de la vida

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La forma más fácil de ir por la vida es siendo excelente, exitoso y victorioso. Es más fácil ser experto que ser perezoso. Para empezar, si no eres experto en algo, terminas por perjudicarte, ¿no es así?

La maestría en los asuntos prácticos que surgen a diario abren la puerta a algo diferente. Porque las cosas a nuestro alrededor que se encuentran en forma física son en realidad piedras de toque de una realidad más amplia que se encuentra detrás de ellas.

Anoche Jane Anetrini y yo ofrecimos una prueba de vinos durante la cena de granja-a-la-mesa en el evento de la Danza Macabra en Sunrise Ranch. Fue maravilloso estar en el aire cálido de octubre en una tienda de campaña en la base del Rimrock en nuestro valle. Cuando miraba al otro lado de la mesa a las persona a quien les servía una copa de vino, veía sus rostros y lo que ellos parecían. Eran seres humanos, de acierta manera como cualquier otro ser humano. Pero detrás de ellos había una realidad del Ser muy grande. Había un enorme espíritu creativo; un pasado del cual yo posiblemente nunca sepa nada, en la mayoria de los casos; todo tipo de experiencias que ellos estaban trajendo a ese momento cuando yo les estaba sirviendo esa copa de vino. Tuve la oportunidad de presenciar todo lo que fue posible de esta experiencia en los breves momentos en que ellos probaban los vinos. Parece gracioso decirlo, pero lo que ellos han sido y lo que son en el presente en un sentido externo es un símbolo de una realidad interna. Toda forma es así.

Puesto en términos generales, lo que somos como seres humanos es un símbolo de Dios. Cuando conoces a alguien, ellos son eso. Representan a Dios, lo sepan o no. Ya sea que actúen como tal o no. Cada persona es un marcador en el libro de la vida, y al abrir el libro en ese marcador entras en una dimensión de la realidad de Dios.

Si no eres cuidadoso y atento a la forma externa de cómo eres con las personas que conoces, te quedas solamente con la forma externa de la interacción. En mi experiencia de anoche, quizás sus comentarios fueron: “No me gustó el vino que me serviste”. O: “No me diste una silla”. Podríamos esperar que como quiera que tratemos a las personas que nos rodean, aun así serán abiertas con nosotros, o que las cosas irán bien. Pero realmente no es así en la experiencia práctica de vivir la vida. Requiere nuestra maestría para abrir el libro.

La maestría que se debe lograr no solo radica en el manejo de lo práctico. Radica en la creación de un intercambio con las formas externas de tu vida que involucre a la realidad más profunda que ellas simbolizan.

Puesto en términos generales, las personas son símbolos de Dios. Si no sabes eso, puedes tratar de conectarte con Dios, a lo que sea tu manera de pensar en Dios, mientras ignoras los símbolos de Dios, los cuales son las personas que te rodean. Y luego esperar a tener una experiencia espiritual. ¡Buena suerte con eso!

Las personas que te rodean son un símbolo de lo Divino. Son un libro que se debe abrir. Tienes que ser experto no solo en las maneras prácticas en las que intercambias con ellos sino tienes que ser experto en la apertura de ese libro.

Si las personas que conoces todos los días son un símbolo de Dios, este mundo es un símbolo del cielo. Si no somos excelentes en este mundo y responsables en su manejo de la manera más elevada posible, entonces no se parece al cielo. Todas las cosas prácticas terminan atormentándonos. A nivel mundial, podría ser el calentamiento global. A nivel mundial puede ser la guerra, el terrorismo, el hambre y la degradación del medio ambiente. Puede que no se parezca al cielo, sobre todo porque nosotros como seres humanos no estamos actuando como Dios.

No hay mucho que podamos hacer inmediatamente sobre la realidad macro. No podemos agitar una varita mágica y cambiar a todos los seres humanos. No podemos convertir el mundo tal como es en el cielo. Pero podemos ser un símbolo de Dios. Podemos tratar el mundo que nos rodea como un símbolo del cielo, y podemos crear eso entre nosotros mismos—entre las personas que han descifrado el código y entienden que las formas son símbolos de una realidad más profunda.

Estoy hablando de descifrar el código de lo que se trata una vida humana. Así que si tú has descifrado el código y yo he hecho lo mismo, ahora estamos en un juego diferente. Estamos teniendo una experiencia diferente. Estamos tratando lo práctico en consideración a lo práctico, pero no solo por eso, sino porque al trabajar con lo práctico, no solo nos relacionamos con algo que parece bien o correcto en la forma externa, sino con algo cuya belleza interior y maravilla interior se revelan. ¿No sucede así con la forma cuando realmente estamos siendo creadores? Hay algo más allá de la forma externa en sí.

Este es un pequeño ejemplo. ¿Alguna vez has decidido pintar tu habitación para crear una nueva atmósfera donde vivir? Quizás notas que tu vida está un poco estancada en la rutina, las cosas dejan de ser novedades, y el color de la habitación que en un momento sirvió ya no sirve. Te recuerda tu antigua vida y estás listo para entrar en una nueva vida. Así que quieres pintar tu habitación. Sacas la brocha, sales y consigues la muestra de pintura que tiene justamente el color correcto, y con rodillo y brocha pintas la habitación. Cuando todo está hecho, y te echas hacia atrás para mirarlo, ves algo más que tan solo un color de pintura diferente. ¡Es hermoso! Ves un mundo nuevo, una nueva vida, una nueva realidad. La forma ha dado lugar a otra cosa: una realidad interna para la cual la forma—una nueva capa de pintura—es un símbolo.

El vino que Jane y yo servimos anoche era de Sweetheart City Wines. En un nivel, es solo una copa de vino que servimos. Pero incluso el nombre habla de esta bonita ciudad en la que vivo, Loveland. Me siento tan afortunado de vivir en una ciudad con ese nombre. Un querido amigo que ya ha fallecido, George Emery, solía decir esto para celebrar el domicilio del lugar donde vivo: “Sunrise Ranch, en Eden Valley, Loveland, Colorado”. Loveland podría ser solo un nombre. Pero es un símbolo de otra cosa. Y las personas de Loveland son especialmente cariñosas.

Puede que Sweetheart City Wines solo sea un nombre comercial, pero dice algo sobre Loveland y sobre las personas que hicieron el vino. Son amigos de buen corazón de Jane, y ofrecieron su vino a un precio muy especial. Tal vez esos amigos que estaban recibiendo una copa de vino de mí y Jane pudieron sentir nuestro amor invertido en ese vino y el esfuerzo de Jane para que tuviera lugar la degustación de vinos. Y así lo que pudo haber sido solo una copa de vino se podría llenar con otra cosa. El nombre del vino fue un símbolo de esa realidad más amplia. Y también lo fue el vino en sí.

¿Alguna vez has notado que una copa de vino sabe diferente dependiendo del día? La comida y la bebida que se llenan con la realidad del amor son diferentes. Y la comida y la bebida que agradecemos más profundamente saben diferentes. Y lo mismo ocurre con todo en nuestra vida. Las formas de nuestra vida son un punto de entrada a una realidad más profunda. Y las formas nos dan la oportunidad de invertir una realidad más profunda en el mundo en el que vivimos.

Las formas más altas que encontramos en el planeta Tierra son las formas de otros seres humanos. Hay algo en cada persona que conoces que es digno de tu adoración. Si de hecho somos un símbolo de Dios como seres humanos, cuando conoces a otra persona hay algo en ella que es digno de tu reverencia, adoración, de tu amor más alto. No me importa lo que hizo ayer; no me importa de qué lado de la cama se levantó. Es un símbolo de lo Divino.

La vida cambia cuando una persona se detiene a reconocer lo que es digno de honrar en otra persona. Y cuando todas las formas de vida son entendidas como marcadores en el gran libro de la vida. ¿Abrimos el libro?


David Karchere

December 26th, 2016
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