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El Pulso del Espíritu

Nuevas ideas, inspiración y visión sobre el proceso de transformación espiritual



La solución “yo”

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Nuestro legado es grande. Como dice la Dra. Clarissa Pinkola Estés, descendemos de una larga línea de sobrevivientes—y si no fuera así, no estaríamos aquí. Así que nosotros, todos nosotros, procedemos de raíces fuertes. Y aunque la historia humana está llena de cosas terribles, también es cierto de la historia humana que han habido seres humanos nobles, honorables, inspirados y despiertos quienes adoptaron una postura frente a la cultura disfuncional que les rodeaba y conocieron algo diferente. Le ofrecieron una oportunidad diferente al mundo. Ese es nuestro legado, si solo lo reclamamos para nosotros mismos.

Cuando reclamamos ese legado, también estamos reclamando nuestra presencia como seres Creadores aquí y ahora. Somos un aspecto individualizado del Creador de todas las cosas. Y cuando reclamamos eso para nosotros mismos y reclamamos nuestro legado, también estamos reclamando un destino creativo para nosotros mismos y para la humanidad.

Es fácil ver que la humanidad parece decidida a ir por un camino de autosabotaje y autodestrucción. Pero desde el punto de vista del Creador que somos, vemos una oportunidad diferente que se puede conocer y aprovechar mediante la forma de vivir, y según la cual se puede actuar en nuestra vida.

Sin duda alguna el mundo que nos rodea está plagado de problemas aparentemente insolubles. En el 2012, Peter H. Diamandis y Steven Kotler publicaron un libro de gran éxito de ventas sobre el futuro de la humanidad titulado Abundance: The Future Is Better Than You Think. (Abundancia: El futuro es mejor de lo que piensas.) Los autores afirman que el futuro de la humanidad es positivo debido al nivel creciente de la tecnología que se crea. Citaron la ley de Moore, la cual dice que la cantidad de información contenida en los chips de computadoras se duplica cada año. Ellos aplicaron una teoría similar al resto de la tecnología humana.

¿Crees que nuestra tecnología va a salvarnos? Nuestra civilización ha demostrado una capacidad extraordinaria de usar una comprensión ilustrada de la Creación para los peores fines posibles. Solo el ingenio tecnológico no garantiza nada positivo si la manera en que usamos la tecnología nace de una cultura de odio y miedo. Vamos a ver, energía atómica en manos de gente enfadada y temerosa. Tiene que pasar algo diferente para que la humanidad resuelva los problemas que se ocupa en crear para sí misma. Si la innovación tecnológica no se acompaña de una transformación radical del estado mental, emocional y espiritual de la humanidad, entonces tenemos una receta para el desastre.

¿Cómo se originaron los problemas que actualmente enfrentamos como humanidad? Creo que esa es una pregunta importante que nos deberíamos hacer porque, dependiendo de la exactitud de nuestra comprensión de cómo nos metemos en los líos en que nos metemos, así será nuestra capacidad de salir de ellos. Si no entendemos lo que está causando los problemas, entonces nuestra solución a los problemas en los que estamos metidos estará mal concebida en el mejor de los casos, y posiblemente nuestras “soluciones” solo nos traerán más de lo mismo.

Desde el punto de vista individual o desde el punto de vista global, muy a menudo los problemas que enfrentamos son vistos en términos de lo que han hecho las otras personas. El problema es visto en términos de lo que nos ha sucedido. Puede derivarse de nuestro pasado; puede derivarse de los padres o maestros en nuestra propia educación; puede derivarse de las fuerzas poderosas que están presentes en el mundo—los personajes fumadores de cigarros en los cuartos interiores que manipulan los sistemas financieros del mundo, unos medios de comunicación que tergiversan lo que está sucediendo y la gente de poder en las sociedades anónimas multinacionales—se le puede echar la culpa a todo. Todas esas entidades han hecho suficiente como para merecer alguna culpa. Pero no obstante, si vemos nuestros problemas como humanidad, como que tienen que ver con otra persona o con algo diferente, nos convertimos en víctimas. Nos ponemos en la posición de no entender el problema y de ser incapaces de resolverlo.

Propongo que la causa original de todos los problemas humanos se experimenta en primera persona. Es cierto para nosotros individualmente, y es cierto para toda la humanidad. Y que mientras veamos el problema que enfrentamos como humanidad exclusivamente en segunda persona o tercera persona, entonces no lo entendemos. Y dado que no lo entendemos, no estamos en condiciones de resolverlo. El problema no es un problema “tú”. No es un problema “ellos”. El problema es un problema “yo” y un problema “nosotros”.

Todos nuestros problemas comienzan como problemas “yo”. Cuando digo eso, lo que estoy diciendo es que los problemas comienzan cuando alguien o algunos aceptan una identidad para sí mismos que no es precisa. La verdad es que tú y yo somos creadores. Estamos aquí para crear. Nos han dado un poder creativo increíble, una inventiva maravillosa, una sabiduría sorprendente—una sabiduría con la cual podemos construir puentes y crear sinfonías; una sabiduría con la cual podemos escribir poesía y crear sistemas sociales. Podemos crear magníficas obras de arte. No solo estamos imbuidos de espíritu creativo, sino que la verdad de nosotros es el Creador en forma viviente.

¿Estás pensando como el Creador? Cuando te despiertas por la mañana y empiezas a pensar en lo que está sucediendo en tu vida y en lo que pasará después, cuando pasas el día, ¿piensas con los pensamientos del Creador? “¿Qué tengo que crear aquí? ¿Cómo funcionará mi espíritu creativo en este caso?” Por supuesto, si haces eso, tienes que enfrentar y, de alguna manera, soportar todo lo negativo que puede estar pasando en tu campo.

Toma como ejemplo esta mañana hipotética. Puede que leas las noticias de la mañana y te enteres de quién acaba de ser elegido presidente. Puede que te enteres de un oleoducto que pasa por el río Missouri y que atraviesa la tierra sagrada de los nativos americanos. Puede que encuentres palabras mal intencionadas que alguien acaba de enviarte en un correo electrónico o acaba de publicar en Facebook. Puede que escuches algo que no quieres oír de alguien que está muy unido a ti. Sin embargo, al identificarte como el Creador, tienes que soportar todo lo que está sucediendo en el mundo manifiesto a tu alrededor y lo que está sucediendo para la gente que te rodea. En esos momentos es muy tentador abandonar tu identidad como Creador y convertirte en una persona desilusionada, frustrada, enojada y temerosa que es reactiva a lo que está sucediendo. Y así comienza el problema.

Eso es a pequeña escala. Pero lo que estoy diciendo aquí es que el problema global que enfrentamos es un problema “yo”, y todas las cosas que van mal en nuestro mundo comenzaron con un problema “yo”. Y que la única manera de salir de ellos es una solución “yo” porque hay una salida en nuestra identificación con el Creador, como el Creador, como un aspecto individualizado de ese espíritu creativo que está dentro de todas las cosas y en todas las personas. Hay algo que se puede hacer ante esa noticia que acabas de escuchar, ante esa publicación de Facebook o ante lo que acabas de escuchar de otra persona. Siempre hay un acto creativo. Y está el poder de la Creación que se puede traer como individuo.

¿Lo crees? No te estoy pidiendo que creas en Jesucristo, en Mahoma, ni en Alá ni en Buda ni en ninguna otra persona. Te pregunto si aceptas para ti que lo más auténtico de ti es que eres un aspecto individualizado del Creador, y que cualquier otra identidad que has asumido para ti tiene que estar al menos subordinada a ese nivel más alto de quien eres. Y de hecho, aunque creer esto podría ser un comienzo, no solo la creencia lo logra del todo.

No solo tengo que creer en la solución “yo” para que sea efectiva. Tengo que ser esa solución y obrar en consecuencia. Y, ante las noticias de la mañana o lo que sea, tengo que soportar todo el mundo manifiesto— “soportar” quiere decir enfrentarse sin someterse a ello, sin reaccionar a ello ni aceptar la cultura que prevalece como realidad. No, voy a acomodar la cultura de la Creación. Voy a acomodar la cultura del poder del Creador que soy—y el poder de la Creación es amor. Tengo amor para traer a esto. Tengo oración para traer a esto; la poderosa conexión con la realidad interior del Creador que somos. Y entonces está la expresión del poder creativo que está dentro de nosotros en el mundo.

¿Notaste que este mundo no se hizo para blandengues? No funciona muy bien pasar por la vida como un tipo de persona débil y sumisa que vive su vida como víctima de todas las cosas malas que le sucede. Esas cosas se deben enfrentar con poder y con fuerza. En definitiva, ese poder y esa fuerza provienen de la oración. No solo estoy hablando del tipo de oración que nos hace cruzar las manos y cerrar los ojos. Estoy hablando del tipo de oración que es una comunión profunda interna con el poder creativo que está en nosotros. Estoy hablando de vivir una vida que perdura, en el sentido de que no es reactiva a lo que sucede alrededor. Presenciarla, sí; experimentarla, sí; sentirla, sí. Pero mi respuesta de amor tiene que dirigirse al Creador.

A veces veo algo tan horrible y repugnante que me revuelve el estómago. Es horrible ver este tipo de cosas en las noticias de la noche, o leer sobre ellas en los medios de comunicación de las redes sociales o en algún otro lugar. Pero es mucho más horrible cuando alguien muy unido a ti hace algo que no puedes entender; no puedes comprender por qué una persona tomaría esa decisión. Así que se siente fatal pero, ante eso, tomo una decisión consciente de vivir una vida de oración, de vivir una vida de comunión interna, donde accedo al poder del amor que soy. Estoy viviendo una vida de la expresión de ese amor.

Hace algunos años, logramos que el teólogo espiritual Matthew Fox hablara en Sunrise Ranch. Dirigió un taller en el que nos hizo escribir poemas “yo”. Trata de escribir un poema en primera persona, en el que eres la esencia dentro de la Creación. Es muy poderoso.

Yo soy la presencia sagrada
Que vive en el corazón de toda la Creación.

Al principio, podrías pensar: ¿Quién, el insignificante yo? De hecho, ¿con qué frecuencia decimos eso de nosotros mismos?: ¿Oh, el insignificante yo? Sí, hay un insignificante yo, como mismo hay un insignificante tú. Este es el sentido del yo basado en las dimensiones externas de nuestro ser. Actuamos de muchas pequeñas maneras cuando nuestro sentido del yo no va más allá de eso.

Y, sin embargo, podemos hablar por el Creador que somos. Puede que te sientas un poco culpable al respecto, o puede que creas que estás siendo un poco arrogante. Puede que pienses que estás adoptando algo que no es auténtico de ti. Lo que digo es que la grandeza de quien eres es más verdadera que todas las pequeñas maneras en las que tú y yo podemos actuar en nuestras vidas. Es más verdadera que cualquier victimismo que podríamos apoyar y cualquiera de las maneras en las que podríamos luchar con las cosas que son indignas de nosotros. No, yo soy la voz del Ser, encarnado en este cuerpo humano, y encarnado en esta personalidad humana con todas estas experiencias muy humanas. Yo soy la voz del Creador, la presencia sagrada del Único Que Habita aquí.

Sin duda alguna este mundo en el que vivimos actualmente necesita esa presencia. He estado pensando en los que están en Standing Rock en Dakota del Norte para expresarse con respecto al oleoducto. Sé que para muchos de ellos es un acto de oración. Podrías pensar en ello como un acto de protesta, y quizás también es eso. Pero para muchos es un acto de oración.

Hace años, cuando estaba involucrado activamente en el movimiento de protesta en los Estados Unidos, solíamos hablar de la concienciación y solíamos hablar de los actos de protesta como oportunidades para concienciar. En general, en aquel entonces no teníamos idea de las implicaciones más amplias de lo que estábamos hablando. Pero un acto público tiene el potencial de concienciar. De hecho, ese es el significado del mismo. Pero por supuesto, podríamos hacer eso aquí mismo y ahora, dondequiera que estemos. Podríamos llegar a un nuevo nivel de conciencia e inspirar a los demás a hacer lo mismo. El aspecto más central de la consciencia es la individualidad.

El origen de nuestro problema, personalmente y a nivel mundial, es un problema “yo”, y por lo tanto la solución es una solución “yo”. Puede que te preguntes: “¿Cómo funcionaría eso? ¿Cómo puedo hacer que todas las otras personas en mi familia actúen de la manera que quiero que actúen?” ¿Has estado trabajando en eso durante algún tiempo? ¿Cómo va el progreso? En el caso de quienes vivimos en Sunrise Ranch, podríamos decir: “A ver… Quizás si pudiera hacer que todas las personas de Sunrise Ranch actúen de esta cierta manera y hagan lo deberían hacer, todo esto iría bien”. Bueno, hemos estado aquí desde 1945 y puedo informar que hasta ahora nuestros intentos en ese sentido han sido en vano—tan felizmente. No, la solución para Sunrise Ranch, la solución para cualquier familia, la solución para el mundo es una solución “yo” porque es una respuesta a un problema “yo”.

Cuando ofrecemos la solución “yo”, la puerta está abierta para algo maravilloso porque podría convertirse en una solución “yo” para la persona a tu lado si te ve vivir la solución “yo”. Y si lo hiciera, tuviéramos algo diferente que necesitamos, todavía en primera persona, pero la primera persona en plural—una solución “nosotros”.

A veces las personas van en busca de una solución “nosotros” sin una solución “yo”: “¡Venga, todo el mundo, vamos a hacerlo!” ¿Qué tan bien funciona eso? Por lo general, en mi experiencia, termina con mucho desaliento, desilusión y frustración. “¿Por qué no todo el mundo quiere venir y hacer esta cosa?” Si tratas de crear una solución “nosotros” sin una solución “yo” no sirve.

La solución “yo” tiene que hacerse popular, y entonces realmente tienes algo. Si tienes un grupo de personas que está implementando la solución “yo”, entonces tenemos una verdadera solución “nosotros”. La solución real “nosotros” no es una pequeña cosa. Es algo a tener muy en cuenta. Implica poder, y es imponente en el mundo. Hay fuerza en la solución real “nosotros”.

A veces se ha conocido a lo largo de la historia, al menos hasta cierto punto. Ha salido a la luz en movimientos políticos. Salió a la luz como el movimiento de solidaridad en Polonia. Detrás de eso, y detrás de lo que sucedió en Europa del Este, estaban las ideas liberadoras que el Papa llevó a Polonia en aquel entonces. Él llevó la solución “yo” y corrió como la pólvora. Las personas se dieron cuenta de que eran libres, de que las cadenas que habían conocido en sus vidas, aparentemente impuestas por la Rusia Soviética, estaban en sus mentes más de lo que era en realidad. Cuando sus mentes se liberaron, hubo una solución “yo” y hubo una solución “nosotros”.

No creo que el movimiento de solidaridad se pudo haber congregado en las calles solo con tanques y armas. No fue primariamente un movimiento obrero, un movimiento político ni un movimiento militar. Fue, en esencia, un movimiento espiritual, del mismo modo que el movimiento de derechos civiles en este país fue primariamente un movimiento espiritual: “Venceremos”. Y en las palabras de ese viejo espiritual, se podía sentir el poder de la solución “yo” y entonces la solución “nosotros”. Venceremos, vencemos.

Somos imponentes cuando realmente hay un “nosotros”. No solo un “nosotros” de víctimas difamadas que protestan contra su victimismo; sino un “nosotros” de seres creadores que crean juntos, que son verdaderamente libres. Cuando estamos juntos, somos imponentes como seres creadores. Hacemos grandes cosas. A través de las cosas que hacemos, está el poder del amor que está desatado en el mundo, y el mundo cambia.

Mientras las personas puedan ser distraídas en su protesta, carecerán del poder de crear un nuevo mundo. El individuo tiene que aceptar la solución “yo” para sí mismo y sentir el fortalecimiento de eso, y luego inspirar a los demás a hacer lo mismo.

De este modo, vemos que aunque estamos rodeados de una cultura que muy a menudo recurre al odio y la maldad, a la dominación y al miedo, aún más cerca de nosotros es una cultura diferente. Está presente en nuestro ADN espiritual. Nuestra herencia no es solo física. Hay un campo de energía que está controlando nuestras vidas y afectando nuestro ADN físico. Dentro de ese campo de energía está la cultura del amor, está la cultura de la Creación, aún más cerca de nosotros que la cultura del odio y la cultura del miedo. Este es nuestro ADN espiritual, heredado de personas despiertas a través de los tiempos. Está tan cerca que podemos pasarle por alto y relacionarlo con una cultura más allá del mismo. Pero cuando llegamos a una solución “yo”, vemos que justo al alcance de la mano está la cultura del amor que está presente. Es la cosa más innata y natural para nosotros como seres humanos. Es la cosa más innata y natural entre nosotros como seres humanos. Estamos diseñados para crear juntos en la cultura del amor.

Me refiero a incluir amor tierno, amor romántico e incluso amor erótico. Pero estoy hablando de un amor que es mucho más grande que esas cosas, aunque las incluye. Estoy hablando del Amor Universal, el poder de la Creación y el poder del Creador que somos tú y yo y que somos juntos. La cultura de ese amor está presente para ser suscitada por nosotros en la expresión del Creador que somos.

Nos hemos referido a esto como espiritualidad primaria. Nuestra espiritualidad primaria es nuestra primera espiritualidad. Es nuestra espiritualidad innata. Es nuestro derecho de nacimiento como seres humanos conocer nuestra espiritualidad primaria. Nuestra espiritualidad primaria tiene que convertirse en nuestra espiritualidad de ahora. Y no solo en nuestra espiritualidad de ahora sino para nosotros, como seres humanos y para la humanidad, tiene que convertirse en nuestra espiritualidad final. Tenemos que acudir a la original, a la espiritualidad primaria, y dejar que sea la espiritualidad final—finalmente conocida por nosotros como raza. Si no dejamos que sea nuestra espiritualidad final, tendremos un tipo diferente de finalidad. Eso es cierto para nosotros individualmente y es cierto para nosotros como humanidad. No me puedo imaginar cómo vamos a sobrevivir esta era de la humanidad en el planeta Tierra sin acudir a nuestra espiritualidad primaria y conocerla como nuestra espiritualidad final, la espiritualidad que pone fin a la locura del mundo en el que vivimos.

Se dice: “Yo soy alfa y omega”. Esa es la voz del Creador a través de mí y a través de ti. Yo soy alfa—yo soy el principio. Antes de esta vida humana existió la vida del Creador que hizo esta vida humana. Yo soy alfa, y yo soy omega, el primero y el último y el siempre. En este mundo se oye la voz de alfa y omega porque yo estoy aquí.

Estamos en los días del final. ¿El final de qué? ¿Estamos hablando de algún tipo de gran apocalipsis, como generalmente se piensa al respecto? No estoy hablando de eso. Estoy hablando del final de la capacidad de seguir adelante como humanidad y no estar en nuestro sano juicio. Porque si no estamos en el juicio del Creador, no estamos en nuestro sano juicio y hacemos locuras. Si solo hacemos algo un poco loco podemos salir impunes, y las personas nos consideran normales porque todos los demás lo hacen. Si se pone demasiado extremo y eres testigo de ello, puede que digas: “Es una locura”. Incluso te puedes sorprender en un momento donde dices: “¡Fue una locura de mi parte! ¿Por qué hice eso? ¿Por qué dije eso? Déjame volver a mi sano juicio”. Y el sano juicio es el juicio del Creador que somos.

Estamos en los días finales con respecto a nuestra capacidad de seguir adelante como seres humanos disfuncionales. No podemos jugar con el calentamiento global y las bombas atómicas y la aniquilación de las especies, crear una tecnología cada vez más potente, y sin embargo tener un estado de consciencia que no cambia. Estoy totalmente a favor de la tecnología, pero sin duda alguna tiene que haber un cambio de consciencia o estaremos viendo un tipo de finalidad que ninguno de nosotros quiere ver. Habrá finalidad de una forma u otra, pero dejemos que sea el tipo de finalidad que le ponga fin a la locura.

Hay una solución “yo” para todo esto. No es una solución “ellos”. No es una solución “tú”. No estoy escribiendo esto para decir: “¡Realmente deberías hacer esto!” No, es una solución “yo”. Yo estoy haciendo esto. Estoy dejando que suceda a través de mí. Puedes sentir cuán poderoso es porque nadie me puede impedir que deje que haya un final para el viejo estado de identidad y toda la función disparatada que se deriva de eso, toda la cultura de odio y miedo y dominación que se deriva de experimentarme a mí mismo como alguien que no soy.

Hay poder en eso para el individuo. Cuando asumimos juntos ese poder para nosotros mismos y nos liberamos, somos libres de crear colectivamente. Y cuando digo “crear” me refiero a todas las cosas externas que hacemos en todos los campos del esfuerzo humano. Pero también es la cultura que tenemos la oportunidad de crear y compartir juntos. Es la cultura del amor. Es la comunión dentro de esa cultura porque la Creación siempre es una actividad “nosotros”. Así que sí, es las cosas que se crean, pero también es la cultura y la energía que se crean al manifestarse esas cosas. Es el júbilo de la Creación que tenemos para compartir juntos como personas verdaderamente libres—no libres porque algún gobierno nos libera ya que nosotros liberamos el poder del amor dentro de nosotros.

Esa es la historia de la Navidad—la historia de este hombre excepcional que fue libre. A veces lo que hizo fue considerado como un acto político, y tuvo repercusiones políticas. Los dirigentes que gobernaron en aquel entonces conocían muy bien que lo que él estaba haciendo espiritualmente tenía implicaciones políticas. Para él, no era un acto político. Para él, era un acto de declarar su libertad y vivir la vida como un hombre libre y de decirles a las personas que lo rodeaban que podrían hacer lo mismo.

Él dijo: “Yo y el Padre una cosa somos”. ¿El Creador que está dentro de mí? Ese soy yo. Y no escuché que luego dijo: “No para ustedes, solo para mí”.

“Venga tu reino”, el reino del Creador dentro de mí y dentro de todas las cosas. “Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. Ya está hecha en la cultura del amor. Deja que se haga en el manifiesto.

“Améis unos á otros: como os he amado”. Ahí está la solución “yo”. No se trata de un Dios inaccesible, ni de que Jesús te ama. Fue significativa a través de Jesús porque él estaba utilizando la solución “yo”. “Améis unos á otros: como os he amado”. Los amo. Esa es la solución “yo”. Él estaba abogando por la implementación de la solución “yo” y diciendo claramente que si lo hacemos tendremos una solución “nosotros”.

Voy a usar esta época navideña para implementar la solución “yo” más plenamente en mi vida. ¿Lo harás tú?


David Karchere

February 9th, 2017
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