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El Pulso del Espíritu

Nuevas ideas, inspiración y visión sobre el proceso de transformación espiritual



La red de coherencia

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Se aproximaba el atardecer un jueves en la tarde durante un evento de dos días en Sunrise Ranch, “El re-encuentro de la tribu”. Nos encontrábamos en el área de la fogata Rimerock y Karen Prichard estaba guiando a un grupo de los participantes en la pintura de un mural colectivo. Había puesto en el área música instrumental de Enya — adorable. Ahí estábamos, personas que salían de la carpa para ir a contribuir su parte en el mural. Yo pinté la mía y regresé, esperando a que los demás terminaran. Mirando  alrededor, noté un fino hilo plateado en la brisa sur que soplaba a través del valle. Se veía igual que un hilo de telaraña y en primera instancia pensé: “Por supuesto, es el hilo de una araña que va pasando por ahí”. Pero entonces me di cuenta, que no hay árboles por allí arriba, sólo en la base del valle. Por lo general donde se ven hilos de arañas, hay algún árbol y una araña colgando del árbol para bajar a tierra. No había alrededor nuestro árboles tan altos para esos hilos de arañas. No estaba simplemente en un lugar  determinado— estaba desplazándose por el valle.

El sol comenzaba a ponerse sobre Green Ridge, y los rayos del sol iluminaban el hilo. Entonces vi otro, y luego otro. Algunos parecían ser de 25, 30, o incluso 40 pies de largo, flotando sobre el valle, iluminados por el sol y bailando al ritmo de la música instrumental de Enya.

Poco después, alguien me recordó lo que ya sabía pero que, de alguna manera, había olvidado. Tal como lo describe E.B. White, en su libro titulado “Charlotte’s Web”, las arañas recién nacidas esperan un día ventoso para hilar un tipo de hilo que sólo logran crear de esa manera una vez en sus vidas. Se dejan llevar por la brisa y literalmente lanzan su destino al viento. Al extremo de cada uno de esos hilos iluminados,  había una diminuta araña que no se podía ver — sólo se podía ver el hilo.

En cierto modo, la araña nos simboliza a nosotros. Su red es simbólica de la red de vida y la red entre nosotros como seres humanos. Esa es la manera en que está unida la vida humana. Nuestra vida se mantiene unida entre nosotros con los hilos de nuestras relaciones. De modo que todo lo que creamos como seres humanos descansa sobre la base del Ser formada por relaciones, que conocemos a través nuestras experiencias que luego compartimos.

Los cimientos de un nuevo mundo se basan en el Ser. Puede que digamos que se basan en Dios, pero, ¿qué es Dios? Dios es una palabra que usamos para llamar al Ser en el mundo, y el Ser del universo. Es una manera de darle nombre y reconocer que el universo y el mundo no son sólo creados de energía y materia, están creados del Ser. El universo está creado como una expresión del Ser eterno y la constelación de todo Ser.

El señor nuestro Dios es un Dios único, una realidad de Ser a través de todo el cosmos y sin embargo es una constelación. Los ángeles del cielo son la composición del Ser de Dios. En relación con cada uno de nosotros, existe una realidad de Dios en nuestro interior, aparentemente esquiva en las experiencias de las personas, algo aparentemente separado, y sin embargo más y más estamos viviendo la experiencia de esa realidad a través de nosotros, como nosotros. Puede que parezca algo aterrador: ¿a dónde vamos en este proceso si Dios está asumiendo el control? ¿Estamos viviendo una visitación —una integración externa en nosotros? ¿Que nos ocurre a todos en ese proceso?

Les voy a decir lo que nos sucede. Descubrimos que lo más real en nosotros es la dimensión de Dios en nuestro Ser. Esa realidad vive a través de nosotros, como nosotros, y descubrimos que realmente somos. Si alguien nos está visitando o entrando en nosotros, es la realidad que somos. Más allá de la personalidad, más allá de la necesidad, más allá del deseo, más allá de las preferencias, existe una realidad que nos llega y es encarnada a través de nosotros en nuestra vida diaria. Esa realidad puede parecer ser, a la misma vez, algo extraño y sin embargo familiar.

La experiencia del Ser lleva consigo la sensación de un hogar inefable, un hogar inefable que puede hacerse realidad en nuestra relación con otra persona. Puede hacerse realidad en nuestros propios hogares, puede hacerse realidad en la manera en que nos abrazamos. Es el cielo inefable de nuestro Ser que es el hogar de quienes somos, el hogar de nuestro Ser-Dios. Cuando y donde el Ser-Dios se expresa, ahí está el hogar. Llevamos nuestro hogar con nosotros. Existe un tejido del Ser, una red del Ser, conocida entre nosotros.

Viviendo esa experiencia, podemos decir: “Yo te llame, y viniste a mí. Te traje a mi vida, y viniste. Te escuché llamándome, y aquí estoy”. Nos hacemos presentes, despertamos a nuestra verdadera naturaleza y a nuestra verdadera realidad. Nos hacemos presentes los unos con los otros, haciendo venir esa realidad del Ser en cada uno de nosotros y llamando esos hilos de conexión que son naturales para nosotros, pero que de alguna manera tienen que ser hilados en la tierra. Eso ocurre fácilmente cuando estamos presentes en la realidad Más Elevada de nosotros mismos, expresando esa realidad a través de nuestros pensamientos y palabras y obras… en la propia energía que emitimos y encarnamos en nuestra vida y enviamos hacia otras personas.

La creación ocurre de esa manera. Toda creación ocurre de esa forma para nosotros como seres humanos. Puede ser la interpretación de una pieza musical; puede ser un evento como “El reencuentro de la tribu”. Puede ser la expresión manifiesta de una comunidad en una propiedad, como Sunrise Ranch. Todo sucede de la misma manera. Yo te llamo aquí y tú vienes; yo escucho tu llamado y aquí estoy. Los hilos entre nosotros llevan la vibración de la creación y crean coherencia en nuestro campo de acción.

Dentro del acto de creación, existe la necesidad natural de unirnos. Algunos de nosotros sentimos eso durante “El reencuentro de la tribu”. He aquí un evento que se aproximaba, en que se llevaría a cabo una reunión para reconocer esa creación que ocurre cuando nos unimos, cuando permanecemos conectados y permitimos que se manifieste nuestra coherencia.

Ya existe un nivel de coherencia en algún nivel de nuestro Ser. Estoy seguro que Dios es coherente. ¿Y nosotros? No todo el tiempo, porque hay cosas humanas que obstaculizan nuestra coherencia. Tenemos todavía que llevar a cabo mucho trabajo como seres humanos para mantener nuestra red de conexión abierta, de manera que pueda vibrar y unirnos. Entonces la vibración de la creación puede desplazarse a través de la red que estamos compartiendo, y entonces nos encontramos en un campo de energía en el cual la creación ocurre.

La música es una hermosa encarnación de eso: las personas se unen y se fortalecen, magnificando un campo de energía. La música celebra el desenvolvimiento de la creación en el tiempo a través de sus ritmos, su tempo, el desenvolvimiento de vibración a través del tiempo. Hay música se torna incoherente. Si los músicos no se unen, si no se encuentran en la relación correcta uno con el otro, o si están fuera de sincronismo, se tornan incoherentes. Pero la mejor música celebra nuestra unión como seres humanos y permite el desenvolvimiento de la creación en el tiempo.

La música es algo claramente propio — algo glorioso en lo cual participamos. Pero es también una coordinación con lo que el resto de nuestras vidas deben ser, donde todos somos músicos de la creación, escuchando la vibración de la creación que quiere cantar a través de nosotros. Y sabiendo que hemos venido a unirnos y ser coherentes, dejar que el poder del amor se desplace a través de la red que compartimos.

Esto es lo que ocurre cuando creamos. Para “El reencuentro de la tribu”, estuvo toda la planificación previa al evento — y gracias a todos los que desempeñaron un papel en ese proceso. Eran muchas las cosas pequeñas que tenían que funcionar, que dependían de nuestra coherencia y nuestra capacidad de permanecer conectados. Para mí hubo momentos cuando estaba en un panel. Rachel Morrison fue la anfitriona, y de pronto miré a mi alrededor y no pude encontrarla. ¡Oh! Para mí era importante captar su mirada y permanecer sintonizado. Resultó que ella se encontraba a la vuelta de la esquina usando su teléfono celular, organizando la próxima sesión. Lo que quiero decir es que igual que un guitarrista y el cantante se mantienen en contacto y en sintonía, nuestra creación conjunta, en cualquier campo de acción, depende de nuestra conexión y coherencia. Estamos diciéndonos mutuamente: “Estamos en esto juntos. Permitamos nuestra coherencia apoyar nuestra creación en el tiempo. Y cuando las cosas se tornan disonantes o incoherentes, trabajemos para mantener nuestra conexión abierta. Respondamos al impulso que nos llama a unirnos. Nos llamamos mutuamente y juntos escuchamos el llamado de la creación en nuestro interior”.

Donde existe coherencia, un campo consciente entre personas, existe el trabajo de creación y todas las formas prácticas en las que creamos juntos. Igual que los músicos, ya que existen cosas prácticas relacionadas a llevar el ritmo juntos y permanecer en sintonía. Pero si eso fuera todo lo que es la música, no sería muy emocionante. Sería demasiado mecánico. El punto de todo esto es que el poder del amor puede mover ese campo de coherencia creado por los músicos. Siempre es diferente — toda la esencia de amor en su desenvolvimiento viene a través de la música, e incluso la misma pieza de música es diferente en un día diferente. ¡Cuán simbólico es eso de nuestra función como seres humanos! Nuestra coherencia permite al poder del amor motivar la creación.

El patrón de creación para nosotros como seres humanos es en realidad esencialmente simple. Nos hacemos presentes, permanecemos coherentes en nuestro interior y con cada uno de nosotros, e hilamos la red de conexión entre nosotros porque estamos haciéndonos presentes con cada uno, escuchando el llamado juntos. Y entonces, a través de esa red, está el poder del amor que comienza a desplazarse y crear. Crea nuestro campo inmediato y resuena hacia un Campo Mayor, de manera hermosa y maravillosa.

Tenemos que lograr coherencia, tú y yo, para poder contar con la esperanza de resonancia hacia ese Campo Mayor y crear resonancia en ese Campo Mayor. Si vamos a llamar el amor a ese Campo Mayor, el campo inmediato tuyo y mío tiene que estar claro y coherente. Permitiendo las dimensiones más elevadas en nuestro ser estar presente y expresarse, que nos arrastren, nos tornamos coherentes entre los unos y los otros. Participamos juntos en la intimidad del Ser y la intimidad de la Creación. Y entonces, porque hemos hecho eso en la inmediación, con personas justo al lado nuestro, contamos con la oportunidad de reverberar con el llamado del amor y el llamado a coherencia en un mundo más abarcador.

Existe un tremendo requerimiento de coherencia, para ti y para mí, para crear y llevar el poder de lo que traemos al mundo de la única manera en que realmente puede ser traído. Entonces, si usted toma el otro extremo del hilo de la araña, puede sostenerlo y permitir al poder de creación desplazarse entre ustedes.

Existe un tipo de muerte en todo esto. Sin embargo, no es una muerte mala. Es la muerte de la pequeña realidad mía — lo que, en realidad, no es algo malo. Es la muerte de todas las cosas que están asociadas con esa pequeña realidad mía: todas las preocupaciones sobre cómo voy a terminar en todo esto, que me va a ocurrir, todas las preferencias y todo lo que nos gusta y no nos gusta. Es sólo la pequeña realidad mía. Si fuéramos a simplificar esto, todo queda reemplazado por la pequeña realidad mía. Todo se reemplaza con las partes más elevadas de mi Ser haciéndose presentes y expresándose. No es algo malo.

Cuando eso le ocurre a una persona, pareciera que estuvieran viviendo la vida que todo el mundo está viviendo. Todos están haciendo las mismas cosas que todo el resto del mundo hace: comiendo, trabajando, recreándose y divirtiéndose, pasando por todas las cosas humanas que todos pasamos. Y sin embargo, cuando esa realidad más elevada del Ser-Dios está presente, expresando y creando, todo cambia. Yo celebro el hecho que somos personas que estamos despertando a esa experiencia. Estamos despertando a y descubriendo que la experiencia está siendo activada a través de nosotros. Descubriendo que en nuestra entrega y nuestra respuesta a la llamada que hemos escuchado, estamos expresando algo que es a la misma vez poco familiar y nuevo, pero también familiar, y que estamos llegando a reconocer nuestro hogar.


David Karchere

November 9th, 2017
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