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El Pulso del Espíritu

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La amistad — donde puede nacer la belleza

JaneAnetrini_NEW2014.200x243

Quisiera entrar a considerar la presencia del que Mora-en-Nuestro-Interior en ese templo interior donde mora. Las cosas cambian cuando uno se ofrece al mundo, sabiendo que uno es tanto el templo en el que se mora, así como el-que-mora. Esta mañana me puse a contemplando la experiencia de la amistad. La amistad con Dios está supuesta a ser una relación en igualdad. Cuando analizo el estado actual del mundo, puedo decir que hemos creado un embrollo de mayor envergadura. Estamos viviendo en un mundo donde la gente puede creer en Dios como algo mucho más especial, por encima de todos, o satisfacerse simplemente mediante la prostración; o podemos decidir que como seres humanos contamos con una mejor idea. Hemos tratado de manipular el mundo y la Tierra de la manera en que pensamos que funciona mucho mejor que la manera en que funciona su diseño. ¿Puede ver ese desbalance en su propia vida? Indiscutiblemente yo sí. Estamos participando en un juego en el que todos queremos dominar a la misma vez que estamos tratando de ser amigos.

La semana pasada se hizo referencia a un himno, en que la letra presenta la posibilidad de belleza naciendo en el vientre de la Tierra — tanto en nuestros cuerpos como en el planeta. Quisiera volver a traer la letra de ese himno como si fuera un poema, no una canción:

Nuestro Señor creó la Tierra como un lugar de belleza, amor y luz,
donde los cielos, los mares y toda la vida lo revelan a
Él con gozo.

Ya que Dios creó la Tierra como un vientre
donde la belleza pudiera nacer.

Las flores se nutren de la lluvia y del sol sobre el gran suelo de la Tierra
y no parecen tener que tratar de llenar sus vidas con valía.

Ya que Dios creó la Tierra como un vientre
donde la belleza pudiera nacer.

Y el hombre Él lo creó con  máximo cuidado para compartir su majestad, (¡amistad!)
Permitir que sus dones de vida aparezcan, su gloria ser eterna.

Ya que Dios creó la Tierra como un vientre
donde la belleza pudiera nacer.

(Letra de Christopher Joseph Foster, música de G. W. Thompson)

“Y el hombre Él lo creó con  máximo cuidado para compartir su majestad …” Según observo el mundo y la situación del planeta en estos momentos, me resulta obvio que no estamos viviendo esa experiencia. Amistad con Dios y compartir Su majestad es lo que hemos sido diseñados a hacer. Pero veo muchas cosas que no son muy majestuosas. Solamente ayer vi una constante repetición de informes en el noticiero sobre un hombre que se ha postulado a un escaño en el Senado y que supuestamente ha tenido encuentros inapropiados con mujeres muy jóvenes. Sé que es un tema de mucha actualidad, considerando que nuestro Presidente ha dicho cosas que en otros momentos de nuestra historia podrían haberse considerado motivo para removerlo del cargo. También existe un prominente reportaje sobre un productor de películas y los supuestos años durante los cuales incurrió en abuso sexual de mujeres. En ambos casos se refleja el sentido de inequidad que ha permitido existir a ese patrón.

Si nosotros como seres humanos estamos diseñados para ser amigos de Dios, yo pienso que los hombres y las mujeres también están diseñados para ser amigos. He leído muchas cosas donde se dice que es imposible para un hombre y una mujer ser amigos, que uno siempre querrá algo del otro — la mujer quiere seguridad o posición, el hombre quiere placer de algún tipo o ser cuidado. Mi intención es presentándoles una realidad diferente que yo conozco: que estamos diseñados para ser amigos, en igualdad — iguales y diferentes. Hemos sido creados con el máximo cuidado del Creador para permitir que algo hermoso pueda nacer. En esta realidad la manipulación y el uso de poder se ve por lo que es, destructivo y no sagrado, y muy poco satisfactorio.

A medida que me entero de casi todas estas historias sobre mujeres, puedo notar que existe un desbalance de poder. ¿Por qué habría alguna persona estar dispuesta a entregar su dignidad? Puede existir una fuerza física mayor, ya que los hombres son más fuertes — pero no estoy hablando sobre eso. El sacrificar la dignidad y la posibilidad de amistad sucede a menudo por razones de poder — una diferencia de poder entre dos personas, en la que una cuenta con más poder y la otra quiere más poder. Eso ocurre por ambas partes: ¿quién quiere qué y quién está dispuesto a hacer entrega de qué para obtener lo que quiere? Conozco muchos hombres y mujeres que han tomado decisiones de estar en relaciones porque en realidad quieren algo de esa situación. Si una persona está interesada en entablar una verdadera amistad y con integridad, ¿por qué habrían de hacer eso? Me resulta obvio que la persona tomando esa decisión considera que la relación le hará sentir especial, valorada, o importante. No se siente en igualdad con Dios o con la otra persona, y no se considera digna de la amistad tal como es. ¿Tengo que rebajarme para poder ser amada? ¿Necesito esforzarme para que la otra persona esté contenta para poder ser amada? ¿Tengo que hacer cosas que normalmente no haría para poder sentir mi valor y sentirme valiosa o deseada? ¿Es eso lo que Dios quiere que yo haga?

La mayoría de ustedes me conocen desde hace mucho tiempo y saben que crecí en la Iglesia Católica. Fui criada sabiendo, sintiendo o creyendo que tenía que constantemente probar mi valor. Para ser digna del amor de Dios, tenía que seguir haciendo muchas cosas buenas. Tenía que ser una buena niña en toda circunstancia de modo que al morir pudiera ir al cielo — no era cuestión de poder conocer la amistad con Dios mientras estoy viva. Siempre existe el miedo que al morir, tal vez no hemos hecho un buen trabajo para ganarnos el cielo. No hay manera de saber eso hasta que ya es demasiado tarde. Es posible que tenga que pasar un tiempo en el purgatorio, y nuestros familiares tengan que pagar y orar para conseguir que salga. Bien, eso puede que suene como una locura, pero es parte de las enseñanzas de la Iglesia. De niña yo doné dinero para que mis queridos amigos y familiares pudieran salir del purgatorio. ¡Qué sagrada resulta esa experiencia! Yo tenía una relación con Dios que decía que tenía que pagarle, pagarle al sacerdote (la representación de Dios en mi vida), para conseguir que mis familiares pudieran salir del sufrimiento del purgatorio. Es un raciocinio entreverado.  ¿Cómo sabemos los vivos donde están sus familiares muertos? Bien podría ser que yo estuviera comprando indulgencias (así las llaman) para personas que ya habían pasado por las puertas del cielo. ¿Qué tenía que hacer entonces para recibir un reembolso?

¿Cree que existe un patrón el cual necesito superar? ¿Cree usted que cuento con profundas emociones en torno a todo eso? A veces necesito decirlo en voz alta para darme cuenta de lo ridículo que es lo que todavía vive en algunas células o en mi ser. Cuando lo digo en voz alta me doy cuenta: “O sí, ya hice eso.” También recaudábamos dinero para bautizar bebés paganos. Yo ni siquiera entendía lo que significaba eso, pero ahora sí. En ese entonces, cuando lográbamos recaudar unos $0.50, le dábamos un nombre al bebé. ¡No hay manipulación de amor y amistad con Dios en todo esto!

Bien, muchos de ustedes no se criaron bajo la influencia de la Iglesia Católica. Pero quiero invitarlos a revisar las cosas que usted consideraba eran ciertas y posibles en la revelación divina de usted mismo sobre la Tierra. ¿Qué eran las cosas que usted consideraba necesarias para entablar una relación con lo sagrado? ¿Para contar con una relación con otra persona? ¿Qué le está evitando hacer lo que quiere hacer ahora? ¿Tiene todavía algunas ideas sobre la manera en que todo funciona que no ha re-analizado durante mucho tiempo? Como seres humanos, al permitir lo sagrado, a la divinidad morar en nuestro interior, eso nos confiere sabiduría. Con esa sabiduría, no vendemos nuestra alma por poder en un mundo que se ha descarrilado.

Conozco hombres y mujeres que se han manipulado mutuamente porque consideraban que podían obtener poder mediante su relación. ¿Por qué habrían de hacer algo así? ¿Por qué creamos y aceptamos estos tipos de relaciones? En este mundo existe una gran falta de conexión con lo que es el verdadero poder y la verdadera amistad, de madera que estamos buscando por todas partes para tratar de encontrarlo, tratando de poder contar con algo realmente valioso.

Sé que la semana pasada usé el himno “Te necesito a cada hora” (letra de Annie Hawks, música de Robert Lowry) para invitar a la comunión con lo sagrado. Yo necesito tener comunión con el templo interno y con El-que-mora en él, a cada hora. Necesito conocer esa intimidad de manera de poder saber cómo se siente tener una amistad con Dios. Jerry Kyasnicka compartió conmigo que estaba sintiendo ese himno desde el punto de vista divino mientras me la cantaba, — “Te necesito, Jane, a cada hora, para que así conozcamos la comunión,” para así llegar a conocer lo que se siente al compartir la belleza que se está revelando a través de nosotros como seres humanos en la Tierra.

Pero esta semana escuché un himno cantado en un programa de competencias de canto por la televisión. He notado que a veces los participantes escogen interpretar un himno porque engendran mucha pasión entre el público y conmueve sus corazones. Si bien logró una respuesta apasionada a su canción, la letra de este himno a mí no me satisface. Pensé, ¿en serio? Quiero compartir con ustedes parte de la letra de ese himno. El título es “Sólo puedo imaginar” de Bart Millard. Para mí, es la perpetuación de la ilusión que no podemos conocer a Dios ahora y que sólo vamos a imaginar y esperar conocerlo algún día.

Sólo puedo imaginar cómo será
cuando camine a Tu lado.
Sólo puedo imaginar lo que mis ojos verán
cuando tenga Tu rostro ante mí.
Sólo puedo imaginar.

Rodeada de tu gloria,
¿qué sentirá mi corazón?
¿continuaré todavía impresionada por Ti?
¿Permaneceré parada ante Tu presencia
o caeré de rodillas?

No quiero vivir mi vida añorando. Sólo quiero estar clara con cualquiera que me escucha: no estoy esperando contar con esa experiencia. Cuando Jaqueline Alvine toca el piano, puede que caiga de rodillas de admiración. Pero no es porque me lo estoy imaginando. Es por la belleza de la comunión con ella. Es algo que ocurre entre ser/Dios con ser/Dios, entre ángel con ángel, entre amado con amado. No estoy esperando, en alguna otra esfera de la realidad, conocer este tipo de comunión. Sé que cuando el concursante interpretó esta canción había pasión en la voz del hombre, y pasión en los jueces y la gente en la audiencia. Existe tal añoranza por conocer esa experiencia. No me lo estoy imaginando, lo sé ahora y “sólo puedo imaginar” que hay mucho más.

¿Cómo lo hacemos? ¿Cómo invitamos e intensificamos la experiencia? ¿Cómo desarrollamos una relación íntegra con lo divino en nuestro interior y luego con otra persona, de manera que nunca sea necesario violar ninguna parte de nuestro ser a fin de conocer el poder de ese tipo de comunión? Éste es el lugar “donde la belleza pudiera nacer” debido a nuestra amistad.

Entiendo la dinámica de poder en muchas cosas que nos muestran en las noticias. Y considero, que es complicado incluso hablar sobre ello, por qué no estoy tomando lados. Estoy hablando sobre la invitación a estar en Su poder y mantenerse ahí en toda su Gloria. Vivimos en un mundo donde la gente quiere cosas:  la gente quiere ser famosa; la gente quiere ser rica o ser vista como hermosa. Y en el mundo tal cual es, estas cosas tienen valor y hacen que una persona sienta que es valiosa. Existe la pasión de sentirse valorada y que una pertenece. Esa pasión puede enfocarse creativamente. “Quiero revelar mi belleza, tener paz en mi vida e invitar a otras personas a conocer esto conmigo”— ese tipo de pasión es en la que estoy interesada. Pero es necesario abrigar un deseo apasionado para proveer un templo en nuestro interior para El-que-mora-en-nuestro-interior. Existe un lugar de verdadera amistad con lo divino, verdadera amistad con Dios, en igualdad. No tratando de ser como Dios, pero siendo un amigo de Dios. Una amistad donde la belleza pudiera nacer.

Yo diría que, si analizamos toda la dinámica masculina-femenina en la Tierra, es un sistema que mayormente se ha descarrilado, porque los hombres y las mujeres están diseñados para amarse entre sí y ser amigos, para disfrutar de cada uno, para crear y compartir el placer de estar vivos. Tenemos tantas reglas sobre cómo se debe hacer esto. Enfrentemos nuestro limitado entendimiento y visión. ¿Y por qué? Para poder conocer que existe un modo. Yo sé que existe otro modo. Viviéndolo requiere de mi ser una verdadera amiga primero conmigo misma, y luego una verdadera amiga con todos los demás hombres y mujeres… pero mujeres y mujeres tampoco están logrando este tipo de relación muy bien. Están compitiendo; los hombres están compitiendo. Todos estamos compitiendo — ¿para qué? ¿Amistades amorosas y limpias? Eso no tiene mucho sentido — ¿no le parece?

Cuento con una larga lista de experiencias en mi vida en las que personas que pensé que era mis amistades se dieron la vuelta y se alejaron. Esto siempre me asombró. A veces ni siquiera había estado yo prestando atención, y parte de eso me avergüenza. Pero existe en mí un gran deseo de estar en comunión con todas las personas y aprender a cómo ser una verdadera amiga.

Existe una necesidad en mí de entregarme al diseño. El diseño divino sobre cómo funcionan las cosas, para poder cada vez más tornarme más amorosa y sabia, una mejor representación de lo que es ser una mujer que ama a otra mujer y ama a otro hombre, y que la amistad puede realmente desarrollarse. Porque más que otra cosa, considero que lo que cambiará este mundo es la amistad — amistad con Dios y amistad entre nosotros mismos, que es un asunto del corazón.

Yo he sido diseñada para ser la revelación de la belleza, usted también, de modo que la belleza pueda nacer. ¡“Sólo puedo imaginar” cómo sería! En cierto modo esa es una declaración sincera porque sé que hay mucho más. Pero no estoy viviendo esperando. estoy viviendo creando.

Agradezco a mis amigos que entienden estas palabras, porque uno no se convierte en una víctima en este tipo de realidad. No se puede estar esperando por otra persona; no se puede estar esperando por otro día.


Jane Anetrini

January 5th, 2018
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