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El Pulso del Espíritu

Nuevas ideas, inspiración y visión sobre el proceso de transformación espiritual



Idea monumentalmente grande #1

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Esta es la carta de Alex, un niño de 6 años de edad, quien le escribió al presidente Obama:

Estimado presidente Obama,

¿Recuerda el niño que fue recogido por la ambulancia en Siria? ¿Sería tan amable de ir a buscarlo y llevarlo [a mi casa]? Parquee en el camino de entrada o en la calle, y lo estaremos esperando con banderas, flores y globos. Le daremos una familia y él será nuestro hermano. Catherine, mi hermanita, coleccionará mariposas y luciérnagas para él. En mi escuela tengo un amigo de Siria, Omar, y se lo presentaré a Omar. Podemos jugar todos juntos. Podemos invitarlo a fiestas de cumpleaños, y él nos enseñará otro idioma. Nosotros también le enseñaremos inglés, al igual que a mi amigo, Aoto, de Japón.

Por favor dígale que su hermano será Alex, quien es un muchacho muy amable, al igual que él. Dado que él no traerá juguetes y no tiene juguetes, Catherine compartirá con él su gran conejo azul de rayas blancas. Y yo voy a compartir mi bici con él y le enseñaré cómo montarla. Le enseñaré las sumas y restas en matemáticas. Y él [puede] oler el brillo de labios en forma de pingüino de Catherine que es verde. Ella no deja que nadie lo toque.

¡Muchas gracias! ¡No puedo esperar a que llegue!

Alex

Qué hermoso espíritu de inclusión de este joven, tan importante para nuestros tiempos. Es el espíritu del hogar que es natural que todas las personas conozcan y compartan.

El espíritu del hogar proviene de una conciencia de algo invisible. Un hogar físico puede ser parte de la experiencia. Pero el deseo de tener un hogar es más que el deseo de obtener refugio. Y el refugio solo no satisface el deseo. El deseo de conocer el espíritu del hogar se satisface cuando ese espíritu es abrazado y compartido.

Las religiones del mundo han hecho referencia a la conciencia de la realidad invisible del espíritu del hogar. En español, la palabra cielo identifica esa realidad. Hay palabras similares de culturas de todo el mundo que identifican las dimensiones no manifiestas del hogar. Desafortunadamente, en muchos casos, la religión ha añadido capas de creencias inflexibles e historias que han anulado el sentido intuitivo de la conexión con el hogar espiritual que les es innato a todas las personas.

Esto me lleva al meollo de lo que quiero abordar en esta lectura. Es algo que es individual y personal para cualquiera. Al mismo tiempo, es la base de la experiencia de la humanidad en su totalidad y en la crisis que enfrentamos.

Hay dos ideas grandes y críticas y experiencias asociadas que estoy abordando. A veces estas ideas se suelen descartar como religiosas, supersticiosas o fantásticas. De hecho, las religiones de todo el mundo han reclamado estas ideas y experiencias como propias y las han convertido en algo que no son. Pero ninguna religión posee la experiencia de la espiritualidad primaria que le es natural a cualquiera.

La primera de estas ideas y experiencias es el cielo. La idea es una imagen perdurable en las creencias e historias religiosas a través de los tiempos, desde los mitos de los dioses del monte Olimpo, hasta Asgard en la mitología nórdica. En el Islam puede ser un paraíso en el que 72 vírgenes esperan al hombre creyente cuando muere. La idea aparece a través de la cultura asiática en el culto a Shangdi (cielo) en China antes del taoísmo o el confucianismo, y en el hinduismo aparece como Vaikuntha, el hogar celestial de Vishnu.

¿Una historia sobre los dioses del monte Olimpo podría ayudar a una persona a tocar la realidad del cielo, la cual es la realidad del hogar espiritual en su propia experiencia? Me imagino que podría ayudar a algunos de los antiguos griegos. Sin duda alguna me ayudó cuando era un niño. Conjuró una experiencia de poder mágico y de una realidad que trasciende la experiencia cotidiana. Pero una historia sobre el cielo también puede anular la experiencia real.

El cielo es el hogar espiritual en el que se produce la vida. Es la matriz de la Creación—una cualidad inefable que convierte una casa en hogar. Es un estado espiritual que, cuando una persona lo conoce, permite que florezca su propia vida.

El conocimiento del cielo trae una experiencia de la santidad de la vida. Cuando esa experiencia está presente en la conciencia de una persona, su consciencia se convierte en un hogar espiritual para todas las personas y toda la Creación que ocupan sus pensamientos. La consciencia se convierte en una manera de rodear el mundo de la persona con el hogar espiritual. La consciencia es una matriz, donde las cosas se pueden mantener seguras, y pueden crecer debido a la forma en que se mantienen; las personas crecen, los jardines crecen, los proyectos crecen cuando se mantienen dentro de la consciencia de una persona que conoce el hogar espiritual.

En este espacio de la matriz se conciben nuevas realidades. Hablamos de la concepción de algo en la mente por alguna razón. La consciencia es un lugar de concepción de las cosas que nacerán físicamente en la tierra.

La misma idea del cielo es algo que está más allá del reino inmediato de la percepción de la mente a través de los sentidos físicos. No puedes visitar Asgard o el monte Olimpo, y no puedes visitar el cielo físicamente. Muchas de las historias y creencias sobre el cielo lo tratan como si fuera una realidad física del pasado o en el futuro. Por ejemplo:

Adán y Eva vivieron en el paraíso (en el pasado).  

Si eres bueno en tu vida en la tierra, irás al cielo cuando mueras (en el futuro).

La religión muy a menudo presenta una idea del cielo en la cual es caracterizado fundamentalmente como una mejor versión del mundo físico en el que vivimos, excepto por el hecho de que es ubicado en el pasado o en el futuro. Luego esa idea se sustituye por la experiencia real del cielo hoy en día. La idea, y luego una práctica religiosa en torno a la idea, se convierte en objeto de culto como si fuera la cosa en sí. Así que las personas tienen una creencia sobre un Dios que vive en el cielo que podría dejarles entrar en ese cielo cuando mueran si ahora actúan de ciertas maneras. Y entonces adoptan prácticas religiosas en torno a esas creencias, como ir a la iglesia y orar.

Típicamente se produce una versión de esto en las religiones de todo el mundo. El problema es que este proceso sustituye las creencias y prácticas religiosas por el conocimiento de una realidad. Entonces las personas sostienen que sus creencias y prácticas son verdaderas, mientras que las de nadie más no lo son.

Por supuesto, en la cultura contemporánea de todo el mundo, las personas están rechazando las enseñanzas religiosas y espirituales exactamente por esta razón. A menudo las creencias y prácticas que se adoptan desconectan a una persona de su propia espiritualidad innata en vez de conectarla a la misma, por lo que se rechazan la religión y la espiritualidad. Para demasiadas personas, este rechazo termina siendo un rechazo no solo de las creencias y prácticas religiosas, sino de una conciencia coherente y consciente del hogar espiritual—el cielo que debería estar a disposición de todas las personas.

El cielo es, muy simplemente, parte de una realidad que no puedes ver. No puedes verlo solamente con tus ojos, y no puedes escucharlo solamente con tus oídos. Puedes escuchar su reverberación. Puedes ver su reflejo en forma a tu alrededor. Vamos a algún lugar y decimos que es celestial. Así que las formas que vemos pueden llenarse del cielo si tenemos otra capacidad de ver más allá de lo físico. Las formas de vida por todas partes pueden reverberar con el cielo, y nosotros estamos conectados a esa realidad.

¿Es tan fantástico pensar que hay una realidad que existe a un nivel vibracional que está más allá de la percepción de nuestros sentidos físicos? Después de todo, solo podemos ver y escuchar cosas dentro de ciertas longitudes de onda. Para nosotros, una realidad que está más allá de ese rango es amorfa.

Ese rango más alto de la realidad contiene la potencialidad y el significado que infunde el reino en el que vivimos. Tocamos ese reino más amplio con consciencia—con pensamiento y sentimiento. Cuando lo hacemos, vemos posibilidades para nuestras vidas que no vimos antes. Tenemos un conocimiento de la trascendencia de lo que está en nuestras vidas de un modo que no tendríamos de no ser así.

Aunque consideramos ese reino más amplio como amorfo, al parecer tiene un ritmo y una forma propia. Cuando un músico realmente se sintoniza, siente ese ritmo. Cuando un artista se inspira para crear una hermosa pintura, no solo se inspira en la forma externa de un paisaje o una persona, sino en la forma, la textura y el color de algo que percibe en lo invisible.

Todo esto nos dice que el cielo es real. No es real en el sentido de que los objetos físicos son reales. Sin embargo es sustancial a su manera y significativo para nosotros al vivir nuestras vidas cuando sintonizamos con ello y le damos expresión. Y si no sintonizas con el cielo—si solo sintonizas con lo que puedes ver, oír, tocar, probar y oler—eres miserable e ignorante.

La sustancialidad del cielo conlleva el ritmo inteligente y la forma de nuestras vidas. A mayor escala, para el planeta como un todo, conlleva el ritmo inteligente y la forma del mundo en el que vivimos. ¿Crees que hay algún problema con esto? Aquí es donde se hace monumentalmente evidente la importancia de nuestra relación con la idea y la experiencia del cielo. Lo que estamos viendo en la escena mundial en los problemas que enfrentamos como humanidad es un reflejo de la ruptura de nuestra relación innata con la realidad del cielo.        Estamos presenciando una gran ruptura en el despliegue de la Creación que nos rodea. ¿De qué otra forma podríamos explicar cosas como la aniquilación de las especies, el calentamiento global, el terrorismo y la guerra nuclear? Estas son solo las pruebas globales más evidentes de que nos hemos desconectado de las dimensiones invisibles de la realidad, de las cuales se despliega la inteligencia del universo. Así que no se está desplegando a través de nosotros. Nuestra sintonía natural con el patrón de la Creación ha ido mal. Algo está roto en la consciencia.

Permíteme que ofrezca mis disculpas a las religiones del mundo. Siento si esta consideración del cielo te ofende. Siento si estoy hablando sobre el cielo de una manera que no está en relación con tu propio sentido de moralidad o ética, o que no se basa en tus propias ideas sobre la espiritualidad. Siento si esto es ofensivo para ti. Pero hay demasiado en juego como para no abordar lo que la religión le ha hecho a nuestra relación con el cielo. Hay demasiado en juego como para evitar un área de nuestras vidas sobre la cual las religiones del mundo han exigido autoridad.

En mi caso, estoy recobrando mi espiritualidad. ¿Qué hay de ti? Es demasiado importante como para que les sea dada a las religiones del mundo, o incluso a la supuesta espiritualidad del mundo. Estoy recobrando mi espiritualidad. La estoy recuperando de todas las ideas, creencias y prácticas estancadas promovidas por la religión. Tenemos que hacerlo como humanidad. No somos personas libres si no somos dueños de nuestra espiritualidad. Y que yo sepa, esta idea y experiencia fundamental—el cielo—es demasiado importante como para que les sea concedida a las religiones del mundo. Si otra persona quiere creer una historia sobre Jesucristo, creyendo que solo esto le hará experimentar el cielo después de morir, como si no importara nada más, deja que lo crea. Si alguien quiere creer que hay 72 vírgenes esperándole en el cielo, deja que lo crea. Eso no es lo que yo creo.

Creo que la realidad de cualquier cosa, incluyendo cualquier realidad espiritual, es más amplia que nuestras creencias al respecto. La realidad del cielo es mucho más amplia que cualquier idea sobre esa realidad. La realidad de Jesús es más amplia que cualquier idea o creencia sobre Jesús. Tenemos la oportunidad de tener una relación directa con esas realidades. Nuestras ideas y creencias ayudan con respecto a esta conexión o se convierten en un velo opaco que nos desconecta.

El cielo está presente aquí y ahora. El patrón de la Creación está presente, y es vital que tú y yo sintonicemos con el mismo y lo hagamos real en nuestras vidas y lo recibamos correctamente. No es suficiente tener una noción confusa de un cielo en algún lugar. Lo que llamamos cielo contiene el patrón de la Creación. Como seres humanos tenemos el potencial de traer una expresión y encarnación claras e inteligentes de ese patrón.

No es suficiente sintonizar de vez en cuando para obtener una interpretación distorsionada de los patrones de la Creación, o algún tipo de interpretación alocada de lo que podría ser. Ese es el enfoque que ha creado bombas atómicas, lluvia ácida y exceso de dióxido de carbono en la atmósfera. El patrón real de la Creación plasmado clara y directamente en la experiencia humana—eso es lo que necesitamos al parecer. Exactamente, de verdad, por lo que es, a menos que creas que esto es una sarta de tonterías y no hay ningún patrón de la Creación, y no importa que estemos en sintonía con la manera en que funcionan las cosas en este planeta. Es importante la manera en que experimentamos el cielo ahora.

Espero con ansiedad compartir Idea monumentalmente grande #2 la semana que viene.


David Karchere

November 4th, 2016
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