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El Pulso del Espíritu

Nuevas ideas, inspiración y visión sobre el proceso de transformación espiritual



El flujo de vida

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En Israel hay dos cuerpos de agua que tienen una fuente en común. El Río Jordán alimenta tanto al Mar de Galilea como al Mar Muerto. La diferencia estriba en que el Río Jordán entra al Mar de Galilea por el norte y sale por el sur, mientras que el Mar Muerto no cuenta con río o arroyo que salga de él. El agua fluye a través del Mar de Galilea. No fluye a través del Mar Muerto.

Como resultado del flujo de agua, el Mar de Galilea es el hogar de una gran gama de flora y fauna y ha apoyado una industria pesquera comercial durante más de dos mil años.

Nadar en el Mar Muerto es entretenido. Es uno de los cuerpos de agua más salada del mundo y uno flota sobre la superficie del agua de manera que nunca he experimentado en ningún otro lugar. Ha sido una fuente de sal y otros productos a través de la historia, pero el Mar Muerto no apoya vida; por ende su nombre.

Estos dos mares son una metáfora de la experiencia humana. El Mar Muerto es la experiencia humana cuando el vitalizante flujo de vida entra pero no fluye de salida. La inspiración de vida circula por un tiempo a través del pensamiento, emociones y la experiencia física. Pero cuando pensar y sentir se torna en circular y repetitivo, no llevan a nada.

Este es un panorama de letargo y estancamiento espiritual – una experiencia de vida en constante disminución. El individuo recibe el don de vida del Gran Misterio. Pero no lo está retribuyendo a otros. No está ofreciendo al mundo el don que le ha sido entregado. De modo que el flujo que le llega no tiene lugar a dónde ir, bloqueado por la consciencia estancada y la energía estancada.

El Mar de Galilea es la experiencia humana cuando el flujo vitalizante de vida entra a la capacidad humana, genera su magia en el cuerpo, mente y corazón, y fluye hacia el mundo. El flujo activa a la persona a través de la cual se está desplazando. El flujo crea lugar para que fluya más de entrada. A pesar que puede existir un vacío temporal cuando una persona ha dado su don, la naturaleza aborrece un vació. De manera que el vacío pronto se ve lleno con el flujo de lo que emerge del interior.

¿Se ha encontrado alguna vez en medio de pensamientos y sentimientos que dan vuelta en círculo donde nada es fresco y usted continúa recordando las mismas cosas? Ese estado de existencia es un estado de separación que ocurre cuando el flujo que nos conecta con nuestra realidad interna y con el mundo que nos rodea, se ha reducido. Para las personas espirituales o religiosas con un flujo creativo obstruido, puede surgir un tipo de devoción santurrona desprovista de valor para permitir realmente que el don del flujo creativo propio se entregue al mundo. Eso lleva a estancamiento.

Con ese tipo de devoción a menudo surge un patrón de prejuicios con relación a la propia persona y otros. La persona experimenta una falta de flujo dentro de ella misma y su mundo que, igual que el Mar Muerto, no apoya vida. Si usted está en el mundo, puede que trate de corregirlo. Pero el “corregir” el estancamiento no engendra vida.

En esa experiencia, la persona puede seguir tratando de sanar física, mental y emocionalmente. Pero sin el flujo natural – a través de las experiencias de la persona, esos intentos son inútiles, tal vez proveyendo algún tipo de convicción temporal pero no verdadero cambio. Puede que sigan tratando de lograr balance en su vida según sus propias ideas de cómo debe ocurrir eso. Pero al momento en que logra algún tipo de aparente balance se desmorona, porque no hay balance en la experiencia humana sin flujo.

Lo que digo es que tenemos la inclinación, como seres humanos, de tratar de hacer algo que no debe hacerse, no necesita hacerse y no puede hacerse – tratando de lograr un estado de satisfacción y bienestar como si fuera una isla. He notado que los que participamos en programas espirituales somos muy propensos a esto. Propensos a tratar que todo salga bien en Sunrise Ranch o los Emisarios de Luz Divina, o en nosotros mismos como individuos. Buscamos que nuestra espiritualidad sea tal como debe ser, y eso nunca ocurre. No ocurre para nosotros como individuos. Entonces pasamos a culpar a todo el mundo que no está obrando como deberían.

A veces parece haber un momento dorado en que todo sale bien. Pero no dura, no puede durar porque sin el fuerte flujo de la corriente de vida a través de nosotros y haciendo entrega de ella generosamente al mundo, tratamos de hacer algo que es imposible. Logrando un estado de perfección sin el flujo de energía espiritual y consciencia a través de uno mismo no es espiritual, a pesar que existe una gran tentación en la psiquis humana para creer que lo es.

Lo espiritual está en el flujo. Estar en el flujo significa que hay algo profundo que estamos permitiendo entrar. Nos está cambiando y vitalizándonos. Entonces lo transmitimos a otros. No estamos tratando de convertirnos en perfección en la comunidad donde vivo en Sunrise Ranch. Estamos aquí para ofrecer servicio, lo que significa que estamos aquí para tomar algo y entregarlo al mundo.

No estamos descansando en nuestros laureles o tratando de convertirnos en perfectos, según algún concepto humano. Estamos aquí para dejar el flujo entrar y dejarlo salir, igual que el Mar de Galilea. Eso requiere de una generosidad y fe fundamental en que existe un ciclo de retorno que apoya todo lo que está en el flujo.

No estamos aquí para ser el Mar Muerto.

Espero haber indicado claramente que la diferencia entre ser el Mar de Galilea y ser el Mar Muerto es fácilmente discernible. Me resulta claro porque me he visto y he estado en ambos estados y la experiencia circular – particularmente la versión espiritual – que resulta asfixiante. La solución es verdadera reciprocidad – gratitud por el don único y la inspiración que se nos ha entregado y la voluntad de compartirla con otros. Es el valor de dar nuestro amor al mundo. Verdaderamente.

Abrigo esta transformación a nombre de toda la humanidad, todos los caminos espirituales y todas las religiones; dejar que fluya entrando y dejando que salga. ¿Qué tal usted? Asimilando esta transformación, vivimos. En estancamiento, morimos.

He aquí nuestra oportunidad dorada de abrirnos al flujo de vida; dejar que entre y dejar que salga; destruir las puertas de letargo espiritual y tornarnos en personas espiritualmente activadas en el mundo.


David Karchere

April 27th, 2018
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