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El Pulso del Espíritu

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Convertirse en un sol

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Tu destino humano es convertirte en un sol. El mundo necesita tu tibieza, el mundo necesita tu luz, el mundo necesita tu centro de gravedad. El mundo necesita la orientación que puedes ofrecer, de la misma manera en que el sol ha sido un punto de orientación para los viajeros a través de los tiempos.

El mundo necesita que seas un sol. Esta es una declaración poética, pero también es una declaración de la verdad. Las personas en nuestras vidas y en el mundo en general están buscando una fuente de calor y de luz que ilumine el mundo para poder ver. El mundo está buscando un centro gravitacional que lo una y lo mantenga unido. Y sin duda alguna, el mundo está buscando algún punto de orientación en la conciencia por la cual pueda establecer su rumbo.

Esta experiencia de convertirse en un sol está surgiendo en la consciencia humana en estos días. Este es un paso profundo en nuestro desarrollo como especie. La mayoría de las personas no ven que está sucediendo. Puede que sientan el impacto del aumento del calor y la luz que brilla mediante los seres humanos despiertos espiritualmente. Pero dado que su conciencia está centrada en un nivel que está por debajo del nivel del sol que está constelando, no ven ni entienden lo que está sucediendo. Hasta que enfrentan la fuente de calor y de luz dentro de sí mismos, el sol en el que nos estamos convirtiendo calienta su experiencia actual y hace brillar una luz en ella.

Hay fuerzas poderosas e inexorables de la Creación que están presentes dentro de la humanidad que experimentamos como un impulso creativo interno. Ese impulso es ignorado y resistido con frecuencia. Es doloroso resistir tu propio impulso de convertirte en un sol.

El estudio de la formación del sol de nuestro sistema solar es fascinante. Lo que es mucho más fascinante es que los mismos principios y procesos que crearon el sol están implicados en lo que está ocurriendo en nuestra experiencia humana.

Fue la gravedad la que reunió el gas y el polvo para formar el sol. Y fue la gravedad la que causó que las moléculas dieran vueltas y se desplomaran sobre sí mismas.

La gravedad es una fuerza de atracción que produce una gran compresión, y con la compresión hay calor. Este proceso continuó hasta que la temperatura en el núcleo del sol alcanzó varios millones de grados y el núcleo del sol se convirtió en un reactor de fusión. Los átomos de hidrógeno en el sol son atraídos al núcleo del sol por las fuerzas muy poderosas de la gravedad. Allí colisionan bajo la compresión y el calor creados por la fuerza gravitacional.

En circunstancias normales, las fuerzas de repulsión magnética entre los átomos les impiden fusionarse. Pero bajo la enorme gravedad del sol, los átomos de hidrógeno se fusionan para convertirse en helio. En el proceso de esa fusión se libera la radiación del sol.

La radiación nos llega como calor y como luz. Y debido a la gran masa del sol, también está la gravedad, la cual mantiene a la tierra en su órbita.

¿Algo de eso te resulta familiar en relación con tu experiencia humana? Nosotros somos agrupados como seres humanos en el nivel de la consciencia mediante una energía poderosamente atractiva—el Amor Universal. Dondequiera que haya un ser humano consciente, de lo que está consciente es del sol que es y del sol en que nos estamos convirtiendo como humanidad. Es atraído por el núcleo derretido de ese sol que se está formando dentro de sí mismo y dentro de la humanidad.

A medida que el sol se forma en la consciencia humana, este cobra un enorme fuerza gravitacional. Esa fuerza gravitacional atrae la sustancia de la consciencia en el cuerpo de la humanidad. Atrae los pensamientos y sentimientos que están en resonancia con el sol que se está formando. Cuanta más conciencia se reúne dentro del cuerpo de la humanidad como una sola, más fuerza gravitacional hay.

Mi experiencia es que somos un poco parecidos al átomo de hidrógeno. Si no hay suficiente fuerza gravitacional y calor para superar nuestra resistencia a la fusión, entonces colisionamos a medida que nos unimos. Es lo que le sucede normalmente al hidrógeno cuando no ha sido atraído al núcleo del sol físico.

¿Hay alguna colisión en tu vida? ¿Ves que algunas personas colisionan? Eso está sucediendo porque hay un poder de atracción entre las personas involucradas, sin embargo no hay suficiente calor para superar las fuerzas que las mantienen separadas. Por lo que la resistencia impide la fusión. Es natural que estemos en un proceso de fusión, pero no sucederá si no dejamos que nuestra humanidad sea atraída por nuestro núcleo de modo que la fusión pueda ser impulsada por la energía que está presente allí.

Hay una realidad más amplia de quienes somos que no está cambiando. Pero en el proceso de fusión, nuestra experiencia humana se transmuta de modo que se superan las fuerzas que separan y nos iluminamos como un sol y desempeñamos nuestro papel como un punto iluminado de la consciencia en el mundo.

Si estás involucrado en este proceso de forma consciente, coges un asiento en primera fila en la experiencia. Ves lo que pasa cuando eres atraído por algo grandioso y grande y hermoso. Tienes la experiencia de volverte cada vez más consciente, más creativo, más cariñoso, más lleno de luz. Y entonces tienes la ocasión de ver tu propia resistencia a ese proceso y tu propio miedo de quemarte.

Hay un propósito a la forma externa de lo que estamos haciendo en la vida. Y, sin embargo, es interesante descubrir que el destino de nuestra vida es atraído a un proceso que transmuta nuestra forma humana en algo más allá de la experiencia humana habitual. Transmutamos, mediante un proceso de fusión, a otro nivel de ser. Y eso parece espantoso—parece como que estamos perdiendo algo. La forma externa de nuestra vida actual tiene un propósito, y hacemos todo lo que podemos para ser lo más excelentes posible en las formas que creamos, sabiendo que se están transmutando.

Después de una hora de servicio como este o después de publicar algo, a veces las personas me escriben o hablan conmigo y dicen: “Realmente me gustan esas palabras”. O: “Realmente no me gustó lo que dijiste”. O: “Me pareció que eso fue realmente importante, pero ya sabes, lo que dijiste ayer no fue tan importante”. Esa discusión es interesante, y para mí es todo un proceso de aprendizaje. Y, sin embargo, detrás de todo ello, tengo esta pregunta: ¿Te encendiste? ¿Ardiste? ¿Te quemaste? ¿Te iluminaste? Ese es el objetivo del ejercicio de compartir algo de naturaleza espiritual. Lo es para mí. Confío en que también lo es para ti. No es cuán bien lo hicimos o no lo hicimos, o lo que pensamos sobre las formas que nos rodean. En toda nuestra vida, ¿nos iluminamos? ¿Nos prendemos desde adentro?

Para nosotros como seres humanos, parece ser tan fácil pasar por la vida con patrones disfuncionales; y justo cuando nos acercamos al punto en el que realmente podrían cambiar y transmutar, de modo que nuestra vida podría reconfigurarse a un nuevo nivel de consciencia, nos alejamos de la gravedad de atracción que nos lleva al centro de nuestro Ser. Y nos alejamos del calor y la presión que es el poder transformador que está en nuestro núcleo.

Es interesante que los átomos en el sol tienen que viajar hacia el núcleo del sol para fusionarse. Lo mismo se aplica a nosotros. No nos transformamos y fusionamos en la periferia de nuestra vida, prestando atención a todos los detalles, los cuales son importantes, pero que sin embargo no son centrales. Nuestra combustión ocurre en el núcleo de nuestro Ser. Cuando nos permitimos sentir y responder a la fuerza de gravedad de ese núcleo, somos atraídos hacia nuestro núcleo como esos átomos en el sol. Somos atraídos hacia nuestro propio poder transformador, y hacia nuestra propia creatividad. Somos atraídos hacia el resplandor de la luz que está en el núcleo de lo que somos.

A diferencia de lo que sabemos de esos átomos de hidrógeno del sol, este proceso no se inicia a un nivel físico para nosotros como seres humanos. Sucede a través de la consciencia. Quizás esos pequeños átomos felices son conscientes y simplemente escojen moverse al centro del sol con cada paso en su camino. Pero nosotros somos definitivamente conscientes, y al parecer tenemos una elección consciente sobre lo que está sucediendo para nosotros como seres humanos. Por esto podemos sentir el poder de atracción de nuestro propio núcleo. Podemos sentir la proximidad de la fusión que nos cambiará. En medio de todo eso, podemos aferrarnos a “nuestra charla con taza de té sobre Dios y sobre todas las cosas que nos hacen infelices en un día soleado”, como dice Hafiz al respecto. Al sentir la proximidad de nuestra propia transmutación, puede que aumente nuestra resistencia.

Debido a lo que está pasando a través de la consciencia, tenemos una elección consciente. Es una disfunción temporal de nuestra especie que tenemos la capacidad de resistir la fusión que nos salvará. El núcleo del sol dentro de la humanidad está creciendo, y toda la humanidad se encuentra dentro del rayo tractor de la fuerza gravitacional que se está construyendo a medida que crece el núcleo. ¿Realmente creemos que siempre vamos a ser capaces de resistir esa fuerza de gravedad como raza?

Al final, Dios gana. La creatividad gana. Y aunque puede que en nosotros exista el mismo tipo de resistencia que existe entre los átomos de hidrógeno en el sol, al final esos átomos de hidrógeno están entrando en el núcleo y se están fusionando. Y lo mismo se aplica a nosotros como seres humanos. Nosotros no vamos a salir de esto sin cambios como humanidad. Estamos siendo cambiados.

Parte del cambio que está sucediendo es que estamos despertando a la realidad de que somos ese enorme poder, ese sol que está haciendo el cambio. Al principio no parece así. Parece que es algo que nos está sucediendo que podríamos resistir o podríamos estar a favor, o quizás incluso jugar un papel decisivo en que se lleve a cabo. Como seres humanos, podemos jugar un papel. Pero el origen de todo ello es a partir de un lugar que está más elevado de quienes nosotros mismos hemos pensado que somos. Y, sin embargo, nos estamos abriendo a ese lugar más elevado.

El amor es el poder de la Creación. Es el poder del sol, el poder en todas las cosas. Y constela en nuestra experiencia humana.

Hay variedades de amor que experimentamos como seres humanos, y todas son relevantes y todas son potencialmente maravillosas. Y, sin embargo, si todas no están juntas y todo está sucediendo, y si el amor más alto, el amor supremo que es el poder del sol dentro de nosotros, no está vigente a través de todas las otras capas del amor humano, sabemos que todas las otras capas pueden resultar muy mal en la experiencia humana.

Estoy a favor de eros. ¿Qué te parece a tí? ¿Quién no querría más de eso en su vida? El amor erótico—es hermoso y loco y extremadamente creativo y maravilloso y, en potencia, tremendamente destructivo en la experiencia humana. ¿Y qué del amor romántico? ¿Quién no querría más de eso en su vida? Es el amor de la pareja, es eso, pero es el romance mismo de la vida, la aventura propia de la vida, la belleza de la vida, el romance de ser un ser humano y de vivir en la naturaleza. ¿Quién no querría más de eso? Y, sin embargo, el romance pasa a ser una telenovela muy rápidamente si no se mantiene en un amor más alto. Se convierte en un amor posesivo “yo y mío”. Y eso se deteriora y entonces provoca una tremenda infelicidad y expectativa.

Está la philia, el amor de nuestros semejantes, y el deseo de prestar un servicio. Tan digno de elogio y, sin embargo, sin un amor más alto la philia se convierte en un amor facilitador, ¿no es así? Tratamos de ayudar a otra persona, pero si no podemos ayudarla a tocar el amor de la Creación en sí misma, realmente no la estamos ayudando mucho, ni a nosotros mismos.

Hay un amor supremo. Este es el máximo poder del amor que es la fuerza de gravedad que lo une todo. Ese amor supremo es el centro del sol, y está en el centro de nosotros mismos.

Si pudiéramos dibujar un diagrama del lugar donde radica ese amor supremo en nosotros, quizás podríamos relacionarnos más fácilmente con el mismo. Pero aunque se hace patente en nuestro corazón físico y en nuestra glándula pineal, no es un lugar físico en sí. El amor se hace patente en nuestro cuerpo de todo tipo de maneras maravillosas, y lo sentimos. Pero al final no es un lugar físico.

No es un lugar geográfico, aunque puede estar presente en un lugar. Puedo invitar a las personas a Sunrise Ranch, donde yo vivo. Las personas sienten el amor supremo cuando vienen aquí. Pero no durará si no pueden encontrar el amor supremo dentro de sí mismas.

El amor supremo está en el centro de todo. Pero para nosotros, como seres humanos, está presente en la consciencia. ¿Cómo encontrar ese lugar en ti mismo? ¿Y cómo se vuelve tan real para ti que confías en ello, te diriges a ello, respondes a ello, te acercas a ello, llegas a ese núcleo en ti mismo donde ardes y te quemas, y eres renovado y te iluminas?

La única respuesta que conozco es ver y reconocer que todas las formas del amor supremo se están mostrando en tu conciencia. Abraza eso. Adéntrate en ello. Conócelo. Y no tengas miedo de dejar que se queme tu vieja experiencia.

El mundo necesita tu calor, el mundo necesita tu luz, el mundo necesita tu gravedad. Tu destino humano es convertirte en un sol.


David Karchere

February 24th, 2017
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