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Comunión y Creación

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Toda la Creación nace de un acto de comunión. Para nosotros como seres humanos, todo lo que se manifiesta en nuestras vidas es la consecuencia de la comunión.

En ninguna parte esto es más claramente evidente que en la procreación humana. La comunión sexual del hombre y la mujer desata el poder de la Creación que da a luz a un niño. El mismo principio funciona en todos los reinos animal y vegetal, y más allá.

Lo que más me interesa es cómo nosotros, como seres humanos, creamos todo el tiempo de acuerdo con los pequeños actos de comunión en los que participamos todos los días—una conversación, un correo electrónico, una sonrisa…

Esta es una definición de la comunión:

El hecho de compartir e intercambiar pensamientos y sentimientos íntimos, sobre todo cuando el intercambio es a nivel mental o espiritual.

Muchas personas esperan a que la persona adecuada aparezca en sus vidas antes de que tengan el placer de esta experiencia. O esperan a que las personas que están presentes actualmente cambien. Y así la experiencia de la comunión disminuye con el paso del tiempo, y el disfrute y la creatividad de la comunión decrecen en la experiencia de la persona.

La verdad es que tenemos la oportunidad inmediata de iniciar mayores niveles de comunión con las personas que vemos todos los días. Y cuando aprovechamos esa oportunidad, desatamos una magia creativa que se abre a las personas que nos rodean, y atrae a nuevas personas para que estén con nosotros. Al mismo tiempo, las personas que no están interesadas en compartir esa experiencia se pueden distanciar de nosotros. Y eso es algo bueno.

De cada acto de comunión nace algo—una nueva idea, una amistad, un nuevo trabajo, un nuevo lugar para vivir…

Un hombre sabio me dijo una vez que la comunión más creativa que podemos compartir con otra persona comienza en el nivel más alto. Con demasiada frecuencia, comienza en el nivel más bajo. Primero las personas tratan de relacionarse a un nivel físico, sin prestar atención a la comunión en los niveles mental, emocional y espiritual del Ser. Empiezan una relación con un esfuerzo por entablar las dimensiones físicas de la misma—el dónde, el cuándo y el cuánto. Si es una relación romántica, empiezan con la atracción física. Creo que la sexualidad física es, por su naturaleza, sagrada y hermosa. Pero sin duda alguna no se muestra así en la experiencia personal cuando una relación comienza de esta manera.

¿Cuál es el nivel más alto de comunión posible para nosotros como seres humanos? Mmmm. No quiero tratar de responder esa pregunta de manera definitiva por temor a limitar qué más podría ser posible en mi propia experiencia. Pero esto es algo de lo que sé. Implica los tipos de experiencia humana que son más preciosos para mí. El amor más alto que he sentido alguna vez. El cuidado y la compasión más profundos. La verdad más brillante. Implica una realidad sagrada que he compartido en momentos exquisitos con otra persona.

Me parece que hay una tendencia fuerte en mí mismo y en los demás a anclar nuestras relaciones en la realidad física en la que vivimos. No puede haber ninguna duda de que los aspectos prácticos de nuestra vida son importantes, y la realidad física de las cosas puede ser hermosa. Y si tratamos de ignorar lo práctico, termina por perjudicarnos. Y aun así, mi experiencia me dice que la comunión real está anclada en las dimensiones más altas de nuestra experiencia humana.

La enseñanza de Jesús de la comunión se hace eco a través del tiempo y suena con claridad incluso en la actualidad:

Porque donde están dos ó tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos.

 ¿No es esta tu experiencia propia de la comunión? ¿Cuando realmente esta pasando esto con otra persona, no te hayas abriéndole paso a una realidad que es más amplia que cualquiera de los dos? ¿Una presencia mayor, un amor más grande y un conocimiento más elevado?

Puede suceder durante una conversación entusiasta, un paseo en silencio, o una copa de vino compartida. O en la creación de un plan de negocios, una canción o un sitio web. Nuestro intercambio de pensamientos y sentimientos íntimos—compartiendo las dimensiones más profundas y sagradas de nuestro Ser—invita al poder de la Creación. Invita a la presencia más grande del Creador. Algo nace. El mundo cambia.

Si bien es cierto que nace algo maravilloso al estar en comunión con las esencias creativas que trae otra persona, el mismo principio puede crear miseria. Si estás en comunión con la negatividad de otra persona, seguro crearás negatividad en tu vida. Si llevas su queja a tu alma, se da lugar al resentimiento. Si llevas su miedo a tu corazón, se da lugar a la ansiedad. El resentimiento y la ansiedad crean un mundo que se despedaza.

En la comunión, hay energía e información creativas que se dan y se reciben. El proceso se basa en ese dar y recibir libre y poderosamente. Según la cualidad de lo que pasa entre nosotros en todos los niveles, así es la realidad que creamos.

Reflexiona sobre esta verdad y verás la maravilla de la misma. La Creación en una vida humana no es simplemente esfuerzo. Es comunión. Cualquier cosa que valga la pena hacer es una oportunidad para la comunión. Si estás comprando jabón en el supermercado, es una oportunidad para estar en comunión con las personas en la tienda. Si estás creando una pintura al óleo, es una oportunidad para estar comunión con las personas que la verán. Si estás escribiendo un programa informático, es una oportunidad para estar en comunión con las personas que lo usarán.

La lectura de este artículo es una oportunidad para la comunión. Sin duda alguna estoy haciendo un llamado a una presencia mayor y a una inteligencia superior mientras escribo. Estoy compartiendo quien soy. Tienes la oportunidad de recibir eso de mí y de contestar si así lo deseas. Puede que a una persona le parezca que todo el ejercicio es solo palabras. Para otra persona, es comunión.

¿Te interesa permitir que las cosas más creativas nazcan en tu vida? Estos son tres factores importantes sobre los que debes reflexionar a medida que exploras tu propia comunión:

  1. No subestimes el poder de tu recepción. Cuando escuchas a otra persona, cuando llevas su creatividad positiva a las profundidades de tu mente y corazón, incluso a tu alma, la extraes de esa persona. Le das la bienvenida a su creatividad en el mundo.
  2. Da tu regalo. ¿Cuánto de ti mismo estás dispuesto a compartir con otra persona? En cada intercambio diario con otra persona, tienes una pequeña oportunidad para revelar parte de tu alma, compartir tu pensamiento creativo, o compartir tu agradecimiento por otra persona. Tienes una oportunidad perenne para compartir la maravilla de quien eres.
  3. Dale la bienvenida a la presencia mayor del Ser. Cuando estás en comunión con otra persona de cualquier manera, ábrete consciente y deliberadamente a una tercera presencia—a un amor más alto, una inteligencia superior, una realidad superior. Invítala a la relación. Llámala dentro de ti. Obsérvala en la otra persona. Deja que se forme e informe lo que estás compartiendo.

David Karchere

December 2nd, 2016
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