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Archive for October, 2017

El Rio

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Quiero compartir una visión del lugar donde nos estamos adentrando y lo que está comenzando a suceder para nosotros como seres humanos, individual y conjuntamente. La visión surge del tiempo que he pasado caminando por el río Poudre. Varias veces he partido desde las cabeceras del río Poudre, un lugar llamado lago Poudre. La palabra lago hace que parezca una gran cosa, pero se parece más a un pequeño estanque muy cerca de la Divisoria Continental. De ese lago se deriva lo que se parece más a un arroyo que a un río. Tiene alrededor de ocho o diez pies de ancho. A medida que desciende de las altas cumbres, se le unen otros arroyos y crece. A lo largo del camino se convierte en un río embravecido e imponente. A veces hay una gran corriente. Y hay puntos donde se desplaza suavemente. Y luego hay cascadas, de diez o doce pies de alto, por lo que el agua cae en cascada con gran energía. ¡Las almas sedientas de aventura bajan en kayaks por esas cascadas!

Mientras miras el agua, se mueve en trayectorias que se reproducen con el tiempo. Mientras ves que pasa por un peñasco, sigue por ese peñasco en un patrón predecible. Están las cascadas que fluyen en un patrón que se repite. Lo que se ve es que el movimiento del agua está estructurado. Es un tipo particular de estructura—no la estructura de las rocas mismas. Es una estructura en la corriente. El río no solo baja por la montaña en una corriente de agua directa. Se mueve en una estructura de cascadas y remolinos y corrientes. Esa estructura es creada por el flujo del agua sobre la estructura subyacente de las montañas, los valles y las rocas.

¿Qué es lo que crea la corriente en el agua? Hay una respuesta muy sencilla. La altura. La caída vertical crea el flujo. La velocidad del agua y la forma en que fluye dependen de la pendiente. El flujo es creado por la gravedad y la caída de altura mientras el río pasa por la ladera de la montaña, hasta que el río Poudre fluye a través de Fort Collins y se une al río Platte Sur sobre las llanuras. Allí su flujo es diferente—no tiene los rápidos o las cascadas que caracterizan al río en las montañas.

El río de montaña es un símbolo de lo que está surgiendo en nuestra experiencia humana. Podemos tratar de clasificar lo que está sucediendo en nuestro cuerpo físico, en nuestro cuerpo emocional, en nuestra mente. Podemos tratar de resolver los problemas que se presentan. Pero si no encontramos una manera de aumentar el flujo de la vida a través de nuestras capacidades humanas, no tendremos éxito en la creación de la vitalidad. No vamos a prosperar si no hay un flujo. ¿Y cómo se crea ese flujo para ti y para mí como individuos? Es creado por nuestra verticalidad, por la altura. Es creado porque nos abrimos a la verticalidad que está dentro de nosotros. Nos abrimos al lugar del Altísimo en nosotros mismos.

Si te fijas en el río de montaña, este no tiene ninguna manera de bloquear el flujo desde lo alto. No hay ningún dique para detener el agua. Y si hubiera uno, es probable que simplemente se convierta en otra cascada y el agua encontraría su camino sobre o alrededor de cualquier obstáculo que se encuentre en su trayectoria.

Y sin embargo para nosotros como seres humanos, el flujo dentro de nosotros depende de la consciencia porque viene a través de la consciencia y luego por último va a parar en los cuerpos físicos. Es un proceso consciente que se mueve en la mente y el corazón, y por lo tanto el corazón y la mente se tienen que abrir a ese flujo desde lo alto. Tienen que tocar el lugar secreto del Altísimo. Se tienen que abrir al Único Maravilloso que está Adentro, quien es el Señor de nuestro Ser. Y cuando nos abrimos en mente y corazón al Señor de nuestro Ser, nos abrimos a la fuente de donde proviene el flujo de la vida. Cuando permanecemos abiertos y lo dejamos entrar en la mente y el corazón, es un río imponente.

Está destinado a entrar en nosotros, y luego a través de nosotros y fuera de nosotros, hacia el mundo en el que vivimos. Si se bloquea en algún punto a lo largo del camino—si no nos abrimos a ese flujo que entra, o si no estamos dispuestos a dejarlo salir y traerlo poderosamente, con valentía, hacia nuestro mundo—bloqueamos el flujo. Y entonces nos quedamos con el agua que debería estar fluyendo pero que se está agitando dentro de este. Esto se manifiesta como el agitamiento en los pensamientos y sentimientos—ambivalencia, ansiedad, preocupación y miedo, seguido de intentos por mejorar esas experiencias. Una persona puede leer un libro, ir a un taller, meditar u orar. Todas esas actividades podrían ser maravillosas si abren a una persona a la fuente del flujo que está dentro de sí misma. Pero si ese flujo no se mueve, no puedes resolverlo. Toda la preocupación en el mundo y todas las prácticas espirituales en el mundo no mejoran la vida sin el flujo real desde el lugar del Altísimo en nosotros mismos.

Para prosperar en nuestras actividades colectivas—lo que hacemos con otras personas en nuestras familias, en nuestras organizaciones, en nuestras comunidades y naciones—tenemos que dejar que ese flujo entre y pase. Tenemos que tener a alguien o a algunas personas que estén tocando el lugar del Altísimo, el lugar más alto dentro de la humanidad, y que luego estén dejando que un flujo de sabiduría y amor venga de ese lugar a nuestro espacio colectivo compartido. Y cuando se comparte, tiene que ser bienvenido y aceptado. El colectivo tiene que dejarlo entrar y dejar que siga fluyendo para que el colectivo prospere.

Cuando nos fijamos en las personas que lideran en nuestro mundo, naturalmente esperamos ver algo que venga desde un lugar alto. Muy a menudo, cuando sucede, el colectivo que lo recibe participa en el juego de poner a la persona en un pedestal y luego derribarla, criticando el flujo de la misma. De maneras sutiles y no tan sutiles, esa persona es saboteada, y en algunos casos asesinada.

Tienen que haber los que se muestran en nuestro mundo humano y traen un flujo de sabiduría y amor desde la mayor altura posible. No estoy diciendo que tiene que ser traído de una manera religiosa o una manera espiritual. No obstante, tiene que haber quienes representen a la humanidad más alta de quienes somos—el Altísimo en cada uno de nosotros y el Altísimo de quienes somos colectivamente.

¿Incluso en las relaciones entre dos personas tiene que haber verticalidad, no? Tiene que haber una altura que se aplique a las relaciones entre dos personas para que una de ellas deje que una cascada desemboque en la otra. Mi experiencia es que cuando alguien realmente hace eso, no es un acto de arrogancia. Es un acto de humildad abrirse al Altísimo en uno mismo y luego compartir eso con otra persona. Es un acto de amor.

Cuando se nos ofrece, ¿cómo respondemos? ¿Lo abrazamos? ¿Nos encanta? ¿Lo dejamos entrar? ¿Hemos perdido la capacidad de ser alimentados por el Altísimo en otra persona? Oh, estoy en un camino espiritual en solitario. Me estoy relacionando con Dios, o me estoy volviendo espiritual por mí mismo. ¿En serio? ¿Hemos perdimos la capacidad de empaparnos de algo de otra persona, y luego devolver el gesto? ¿De dar las gracias? ¿Y luego acceder al Altísimo en nosotros mismos, abrirnos a él, y tener el valor de compartir eso? Se necesita valor para tocar un lugar del amor más profundo y la verdad más profunda en nosotros mismos y después decirle a otra persona: Aquí tienes.

Cuando empezamos a conocer ese tipo de verticalidad y lo compartimos entre nosotros mismos, entonces existe la imponente corriente de la Creación, la cual nace del Creador, que estamos comenzando a compartir. Está fluyendo como un río imponente. Tiene una estructura que está implicada—la corriente de la vida tiene una estructura. No solo está agitando y no viene como un flujo indiferenciado. Tiene cascadas y turbulencia, remolinos e hidráulica. Tiene forma. Y cuando existe la corriente de la Creación que fluye a través de nosotros como comunidad, crea una forma. Crea el mismo diseño de la comunidad que nace de ese flujo.

Hay una estructura subyacente que crea la estructura del flujo. En el caso del río son las rocas, son los barrancos y la caída vertical los que crean las cascadas y los rápidos. En nuestro caso, está la estructura subyacente de la realidad, la estructura subyacente de quién eres y quién soy, cómo estamos hechos y de dónde venimos. No tenemos que averiguar eso, pero se manifiesta en la estructura del flujo entre nosotros y en la estructura de cómo nos relacionamos colectivamente. Esa estructura subyacente se muestra como el flujo de la Creación que se desplaza a través de nosotros cuando se alza como un río imponente. Nos da forma, nos reúne, nos envía aparte en el imponente río.

No existe ninguna respuesta para la humanidad fuera de ese flujo. Hoy en día, lo que está sucediendo en el mundo es que las viejas formas que hemos estructurado nosotros mismos y la cultura estructurada no están funcionando. Lo que se está desatando a través de nosotros es la misma corriente de la Creación que nos está volviendo a dar forma. Nos está volviendo a dar forma por dentro; nos está volviendo a dar forma en los espacios colectivos que compartimos.

El flujo es el poder del amor, el cual es el poder del universo. Es el Amor Universal. Esa es la propia naturaleza de la Creación y la propia naturaleza de este flujo.

Este flujo trae sabiduría. Nos está diciendo cosas. Tiene el propio ADN de la Creación dentro del mismo, así que empezamos a conocer cosas en este flujo que no podemos conocer de otra manera. Podemos parecer inteligentes en el estado de agitamiento; podemos tener lo que parecen soluciones brillantes para todos los problemas que están presentes en la humanidad, pero que realmente no soluciona nuestros problemas por sí solo. Todas esas brillantes soluciones sociales, todas las soluciones tecnológicas, las soluciones científicas, las soluciones filosóficas, no solucionan los problemas que estamos teniendo a menos que hagamos algo con respecto a este flujo vertical.

Y realmente, lo único que tenemos que hacer es abrirnos a ello porque dentro del flujo se encuentra la sabiduría y la guía del Creador. No nos quedamos simplemente para inventarlo por nosotros mismos a partir de nuestras propias mentes humanas. La sabiduría del Creador está en el flujo.

Dejar que el flujo de la Creación se desplace a través de nosotros implica hasta cierto grado el valor de dejarlo salir y el valor de llevárselo a otra persona. Este es un poema de David Whyte llamado “The Truelove”. Él habla sobre amar intensamente. Creo que somos llamados a ser guerreros de la verdad del amor; guerreros ya que no nos detendremos y no nos daremos por vencidos. Lo traemos con valentía entre sí. Les ofrecemos la oportunidad a las personas que nos rodean no solo de tocar ese amor feroz que estamos trayendo sino de dejarlo entrar. Ya que esta corriente no está destinada a solo venir del interior. Está destinada a ser compartida en nuestro espacio colectivo.

Hay una fe en amar intensamente
a quien es tuyo con razón,
especialmente si has
esperado por años y especialmente
si una parte de ti nunca creyó
que podrías merecer esta
mano amada y que te hace señas
que se te ofrece de esta manera.

Ahora pienso en la fe
y en los testimonios de la soledad
y en lo que creemos que
merecemos en este mundo.

Hace años en las islas Hébridas
recuerdo a un anciano
que caminaba todas las mañanas
sobre las piedras grises
hacia la orilla de las focas que aúllan,

quien presionaba su sombrero
contra su pecho en el viento
salado y furioso y le oraba
al turbulento Jesús
que estaba escondido en el agua,

y pienso en la historia
de la tormenta y de todos los que
caminan y ven
la figura distante
pero familiar
más allá del agua
que los llama,

y en cómo todos nos
preparamos para ese
despertar repentino,
y en ese llamado,
y en ese momento
que tenemos para decir sí,
solo que
no vendrá tan grandiosamente,
tan Bíblicamente,
sino más sutil
e íntimamente en el rostro
de quien conoces
que tienes para amar,

para que cuando finalmente salgamos del bote
hacia la persona, descubramos que
todo nos sostiene
y confirma
nuestro valor, y si quisieras
ahogarte podrías hacerlo,
pero no lo haces

porque finalmente
después de toda la lucha
y todos los años,
ya no lo quieres hacer más,
sencillamente estás harto
de ahogarte
y quieres vivir y
quieres amar y
cruzarás cualquier territorio
y cualquier oscuridad,
por muy fluido y por muy
peligroso que sea, para tomar
esa mano única
que sabes
que encaja en la tuya.

 

David Karchere

October 6th, 2017
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