Emissaries of Divine Light InternationalEmissaries of Divine Light International

test

Archive for November, 2016

Idea monumentalmente grande #2

David-Karchere_NEW2014.200x243

La semana pasada en el Pulso del Espíritu escribí sobre Idea monumentalmente grande #1—el cielo. El cielo es la dimensión de la realidad en la que vivimos que no podemos percibir solamente con nuestros sentidos físicos. Es el hogar espiritual que siempre está presente y disponible si estamos abiertos al mismo.

Esta es Idea monumentalmente grande #2—Dios. Evidentemente, la realidad que se indica con esta palabra es mucho más que una idea. Pero la idea que las personas tienen en sus mentes sobre esa realidad marca una gran diferencia en lo que realmente se conoce y se experimenta.

Demasiadas personas han rechazado la misma idea de Dios debido a algunas de las imágenes e ideas de esa realidad. Me encanta Miguel Ángel, y la Capilla Sixtina es hermosa. Pero realmente no creo que Dios sea un anciano con barba. No creo que Dios requiera que alguien sea sacrificado como a veces es enseñado por el cristianismo y fue practicado por los mayas. No creo que Dios esté sentado en algún lugar sobre la tierra juzgándonos. No creo que la realidad de Dios esté lejos.

Si la palabra Dios tiene significado, se refiere al Ser. Lo que es real es que vivimos en un mundo que no es solo cosas. Cuando miras por la ventana y ves un árbol, una roca, un ciervo, un pájaro, no solo estás mirando materia—no son solo cosas. Es más que materia movida por la energía. Vivimos en un mundo vivo, y por “vivo” no solo quiero decir que tiene vida biológica o que está dando vueltas. Hay un Ser que se revela en toda la Creación. Este mundo no es solo un algo. Es un alguien, porque en este planeta se encuentra la realidad del Ser. No es un planeta muerto que de alguna manera está dando vueltas. Es un Ser. Tiene Alma Universal. Esta es la idea más esencial sobre lo que es Dios. Dios es el Ser que está presente en toda la Creación y en todas las personas.

Algo sucede cuando miramos al mundo a nuestro alrededor y lo tratamos como si solo fuera materia y energía. Nos autoriza para hacer cualquier cosa que queramos con el. Con esa actitud, no hay respeto al Ser que está presente en todas las cosas. Nos da licencia para despojar la tierra de los recursos que pensamos que necesitamos y de crear procesos químicos que alteran el círculo de la vida—como el plástico que nunca se degrada o los bifenilos policlorados que contaminan nuestros ríos.

Realmente no importa si creemos en un Dios distante que tiene muy poco que ver con nuestra vida inmediata, o si nos consideramos más científicos o humanistas y no creemos en Dios en absoluto. Si vemos el mundo que nos rodea como solo materia y energía, nos autorizamos para consumirlo y abusar del mismo como mejor nos parezca. En el proceso, nos deshumanizamos a nosotros mismos. Perdemos nuestra alma porque cuando le hacemos eso a otra cosa o a otra persona, terminamos devaluándonos a nosotros mismos. Terminamos siendo desalmados como seres humanos. Si crees que en todo lo que te rodea no hay ningún Ser, solo cosas, terminas experimentándote de esa manera.

Desafortunadamente, el budismo resulta en eso para algunas personas. No existe ningún Dios; todo es alguna idea de la consciencia. Afortunadamente, hay algunas señales de que los budistas que han tenido esa idea están despertando a la comprensión de que no es suficiente ver el mundo de esa manera; que, de hecho, hay Ser dentro de todo. Hay Ser dentro de ti, y hay Ser dentro de mí. Las dimensiones exteriores de ese Ser que vemos caminando en otras personas son suficientemente obvias. Tiene carne, tiene forma. Podríamos llamar individualidad a esa cualidad de ser. Podríamos llamarla alma humana. Pero hay dimensiones del Ser que no puedes ver. Las partes que puedes ver son un reflejo, y tal vez incluso una ventana abierta a las partes que no puedes ver. A veces ves a otra persona y ves la realidad del Ser. No es solo carne y sangre, no es solo huesos. Ni siquiera es tan solo una personalidad humana. Ves a esa persona, y hay algo hermoso que no hay palabras para describirlo. No solo ves un rostro hermoso. Ves la realidad del Ser a través de ese rostro. Ves la realidad de Dios.

¿Si la palabra Dios tiene un significado real, acaso no incluye la maravilla que ves en otra persona, cuando esa persona tiene una actitud abierta y es transparente y revela todo lo que es? Cuando eso sucede, esa persona no solo revela las partes finitas, no solo revela la carne y los huesos. (Y probablemente no mucho de eso. En la mayoría de los casos ves ropas deambulando con las manos y el rostro sobresaliendo de las ropas). Ellos revelan un poco de lo infinito en lo finito. Hay un nivel del Ser superior que está presente alli mas alla de tan solo un cuerpo.

En muy pocas palabras, el cielo es el lugar donde viven las dimensiones invisibles del Ser. El cielo es donde vive Dios. Es tan fácil cuando empezamos a hablar de estas cosas ver cuán súper activa se vuelve la mente religiosa sobre todas estas cosas. La mayoría de esas ideas se refieren a algo en el futuro o en el pasado, o a una realidad que está distante de la persona. Existen demasiado numerosas ideas, conceptos y creencias para contarlos—los cristianos, los de la Nueva Era, los hindúes y los budistas, los judíos y los islámicos. Y ademas están todas las ideas individuales que se inventan las personas alrededor de tópicos como los arcángeles y todas las entidades canalizadas, los extraterrestres de las Pléyades y todo el resto.

¿Podemos simplemente contentarnos sabiendo que el terreno sobre el cual tú y yo nos encontramos es tierra santa? Es tierra santa porque es forma física, si; pero porque aquí está la realidad del Ser, la realidad de Dios en el cielo esta aquí. Está aquí en ti, está aquí en mí; está aquí en todas las cosas. Esta es tierra santa. Es un mundo santo en el que estamos viviendo. Hay dimensiones del Ser que son superiores que la carne. Y podemos estar aquí, y podemos estremecernos por ella, sin tener todo tipo de ideas alocadas sobre la realidad superior que estamos conociendo. Vamos a estremecernos y a sintonizarnos con lo que nos impresiona, y luego sentir su importancia para este mundo humano en el que vivimos.

Dejémonos guiar por esa santidad en la manera en que nos conectamos con otra persona. Dejémonos guiar por esa santidad en la manera en que hacemos nuestro trabajo y en la manera en que caminamos en esta tierra. Empecemos cada día con esa reverencia. En esa reverencia existe la oportunidad de estar en sintonía con la sabiduría del Ser y la sabiduría del cielo en el que el Ser mora. Existe la oportunidad de inspirarse en ella, de recibir las instrucciones de la misma, de manera inteligente, no de manera muy fantástica y poco factible; de manera muy práctica, usando la consciencia humana exactamente para lo que fue hecha, lo cual es estar en sintonía con el patrón y la inteligencia del Ser que podría informar todo lo que hacemos. Cuando comenzamos a desenvolvernos sobre esta base, vemos cómo la desconexión que ha habido en estas áreas de la vida humana ha creado tal ignorancia, y la ignorancia da origen a la destructividad en el vivir de una vida humana. Si multiplicas esa experiencia por los miles de millones de personas que tienen esa experiencia, ese es el estado del mundo en que vivimos.

Si partimos de la suposición de que las personas que nos rodean son cosas inanimadas—energía y materia—y no vemos la presencia de Dios en las personas que nos rodean, no es difícil hacerles a otras personas las mismas cosas que se le hacen a el planeta Tierra en el presente. De hecho, ¿qué otra cosa harían la gente cuando piensan de esta manera? No es difícil funcionar de una manera que resulta en la aniquilación de las especies. Después de todo, es solo materia y energía. Son solo cosas. Tal vez podamos crear algunas mejores especies en un tubo de ensayo.

No, pienso que existe un patrón para lo que la vida está destinada a ser en el planeta Tierra, y está el papel que tenemos que desempeñar en ese patrón. ¿Quién sabe cuán maravilloso y mágico podría ser ese papel? Parece que, hasta este momento, solo tenemos indicios de cómo podemos vivir en sintonía con el círculo de la vida y con el Creador, sabiendo que la realidad superior de quien tu eres y quien soy es el Creador. Es el Ser. ¿Existe algún Dios en alguna parte, algún ser en alguna parte, y entonces nosotros aquí, separados de eso, otra cosa aparte de esa realidad del Ser? ¿Acaso eso tiene algún sentido? Por lo visto tiene sentido en la consciencia religiosa.

Por eso digo que nuestra espiritualidad es demasiado importante como para entregársela a la religión o espiritualidad que es prescrita por otra persona. No estoy abogando necesariamente por una retirada de la religión organizada o un camino espiritual en particular. Estoy diciendo que sea lo que sea que elijamos en ese sentido, seamos dueños de nuestra espiritualidad para nosotros mismos. Vamos a conocerla por nosotros mismos, y entonces vivamos y hablemos y actuemos en la autoridad de la profundidad de nuestro conocimiento. De verdad. Esto es algo que va mucho más allá de un conocimiento intelectual. Y sin embargo, estamos hechos de corazón y mente para saber esto y funcionar sobre esta base, y para vivir una vida que es dirigida sobre esta base.

Este poema mío alaba la realidad del Ser, expresado según su naturaleza femenina. Lo escribí al fallecer la princesa Diana. Fue uno de esos momentos cuando el mundo se une. Existía esta princesa que todos deseábamos que pudiera ser reina. Había bondad en ella. Había encanto en ella, amabilidad y preocupación por su pueblo. Fue la realidad del Ser lo que ella le mostró al mundo.

Por lo que hubo este gran sentido de pérdida cuando ella se fue, y en ese sentido de pérdida también hubo un anhelo de conocer la santidad del Ser. Esa santidad está disponible para nosotros en este mismo momento y en cada momento de nuestras vidas.

Alabanza a la Reina del Cielo y de la Tierra

Alabanza a la Reina del Cielo y de la Tierra;
Ella en quien se conciben, nacen y se alimentan todas las cosas;
Todas las criaturas que caminan en el terreno,
El zorro, el venado, las hormigas y todos,
Todos los pájaros del aire y los peces del mar,
El gorrión, la cacatúa y el salmón,
El fiero gavilán, la tierna paloma y todo,
Ella en quien crece la hierba,
Y en quien se cultiva el manzano, el cual da su fruto,
Ella quien recibe los pétalos de lirio cuando se caen de los tallos,
Y quien recibe las lágrimas del bebé,
Quien escucha las oraciones de los pobres y los ricos por igual,
Y quien recibe a todos como suyos.

Alabanza a la Reina del Cielo y de la Tierra.
Te son llevados nuestros corazones en las alas de nuestras canciones,
Y en nuestras obras de amor,
Santificados en tu rico corazón que es nuestro,
En tu obra de amor que se desempeña en nuestros días
Llevando tu bendición
Como un beso en nuestra frente,
Como violetas en nuestro cabello,
Como un medallón de oro sobre nuestro corazón,
Recordándonos cuán preciosa eres.

 Alabanza a la Reina del Cielo y de la Tierra.
Caminas entre nosotros en nuestros hijos,
En nuestros amigos más íntimos, y en los amigos que no conocemos;
En nuestros amantes,
Y como nuestras madres,
En esos que te conocen y te sirven por sobre todas las cosas,
Y en nosotros mismos.
Brillando tan brillante como el sol de mediodía,
O escondida como la luna creciente detrás de una nube,
Caminas entre nosotros ya que tenemos ojos para ver.

Alabanza a la Reina del Cielo y de la Tierra,
Se te da todo.
Todo vive en Ti.

David Karchere

November 17th, 2016
Copyright © 2017 by International Emissaries


back to top