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Archive for May, 2014

Conociendo a través del corazón

David KarchereDe una transcripción de las palabras de David Karchere en una videoconferencia internacional llevada a cabo el 4 de mayo de 2014

Saludos a todos. Aquí David Karchere, de North Reddish, Inglaterra. Aquí en la iglesia St. Agnes hemos tenido un día maravilloso con Clive Larsen y amigos. Y puedo asegurarles, si no han sido abrazados por las buenas personas de la iglesia St. Agnes, ustedes no han sido abrazados. ¡Hay tanto espíritu de amor en esta comunidad! Y he estado lejos de mi hogar, viajando, lo suficiente para añorar mi hogar. Extraño Sunrise Ranch y mi familia y amigos. Y al mismo tiempo, mientras entraba en la iglesia esta mañana, sentía que iba a casa.

Se dice que el hogar está donde está el corazón. El hogar está donde vive el espíritu de amor. Y dondequiera que haya personas que encarnan el espíritu del amor universal y lo dejan fluir libremente, hay un verdadero hogar. Así que estoy tan agradecido por lo que está aquí y lo que está entre las personas, dondequiera que estén, en todo el mundo, donde está presente y se conoce el verdadero hogar. Y a partir de ese verdadero hogar hay eminencia y hay una transmisión. Hay una torre de fe, una torre de realidad y por lo tanto una transmisión desde esa torre.

Para que esa transmisión venga de nosotros, se necesita valor. Hace falta algo deliberado. Y puede que nos convenzamos acerca de las personas en nuestra vida, “Bueno, ellos saben que los amo”. ¿Ellos lo saben? Es tan obvio que el amor es algo que es del corazón. Es algo que se transmite a través del corazón. Y aunque hay una parte vital que nuestra mente consciente tiene que desempeñar en nuestra espiritualidad, finalmente, sin un corazón que esté abierto y esté transmitiendo la frecuencia del amor, ¿cómo nos conectamos verdaderamente? ¿Cómo nos conectamos hacia arriba a la realidad mayor de Ser lo que somos una parte de? ¿Y cómo nos conectamos con las otras personas y el mundo?

He estado pensando acerca del papel que desempeña nuestra mente humana en nuestra vida. Y hay una razón para tener un intelecto humano. Es fundamental de muchas maneras diferentes, incluyendo el sentido práctico de vivir la vida en el planeta tierra y en el mundo en el que vivimos. De esta manera el intelecto humano es fundamental, pero no es ningún substituto de un corazón abierto. Todo el intelecto humano puede tratarse acerca de las preguntas de “qué” y “cómo”: ¿Qué debería suceder aquí? ¿Qué quiero que suceda? ¿Qué pasa? ¿Y cómo? ¿Cómo puedo hacer que suceda lo que quiero que suceda? ¿Cómo hago que las cosas salgan bien? ¿Cuál es la tecnología, cuál es el método? La mente humana es buena para esos tipos de preguntas.

Pero la mente humana sola es muy mala para una pregunta aún más esencial. Y hasta que la pregunta más esencial sea contestada, toda la discusión y todo el pensamiento acerca de cómo hacemos las cosas solo lleva a un sendero de destrucción. Conduce a cosas como bombas atómicas y el calentamiento global y las guerras en Irak y muchos otros lugares alrededor del mundo. Conduce a la inhumanidad del hombre contra el hombre. Conduce a la violación y la destrucción del planeta, porque solo cuando una persona no ha contestado el “quién” de la vida podría ser tan aparentemente prudente en lo que se refiere a inventar toda esta tecnología que tenemos en nuestro mundo, pero al mismo tiempo tan increíblemente ignorante que no sabe para qué es la tecnología. Ellos no conocen lo esencial para crear una verdadera tecnología, una tecnología que realmente serviría a la humanidad, que realmente serviría a este planeta y no lo destruyera.

Esa pregunta más fundamental es una pregunta de “quién”. El intelecto humano considera la pregunta de quién: “¿Quién soy?” y de una manera muy intelectual reflexiona sobre la experiencia humana, una vida humana. Los filósofos reflexionan sobre la vida humana y se preguntan, “¿Quién soy? ¿Quiénes somos?” y la presentan como la gran pregunta existencial.

Hay una historia familiar para muchos de nosotros. Es una historia de la Biblia. En esta historia hay una representación del intelecto humano, la mente humana en todo su esplendor, manteniendo esclavizada a la humanidad. Y además hay una descripción del conocimiento del Ser, del conocimiento de la realidad de Dios, del conocimiento de quién es uno. Esa historia es la historia de Faraón y Moisés, y de Moisés dejando en libertad al pueblo. Cuando se enfrenta a la demanda de Moisés de liberar a su pueblo, la respuesta del Faraón es: “No conozco a tu Dios, y no liberaré a tu pueblo”. El intelecto humano por sí mismo, con toda su sabiduría muy alabada, no sabe y nunca sabrá por sí mismo la respuesta a la pregunta más importante en la vida — “¿Quién está presente?”. La respuesta a esta pregunta trae toda la sabiduría y toda la verdad disponibles a la experiencia humana.

La respuesta a la pregunta solo se puede conocer a través del corazón. Esta asombra y deja estupefacta a la mente humana que no puede saber quién es, y no puede conocer a Dios. Esta no puede experimentar la unidad con otras personas y conectarse con otras personas. Y el intelecto humano realmente no se puede conectar con este planeta porque ese conocimiento y esa conexión solo ocurre a través del corazón abierto. La conexión con respecto al otro es a través del corazón, y por lo tanto el conocimiento del uno al otro es a través del corazón. La conexión con este planeta y con toda la naturaleza, y por lo tanto el conocimiento de este planeta y la comprensión de este planeta, es a través del corazón. Y sí, hay cosas para entender intelectualmente, pero la verdadera comprensión de la mente solo viene cuando hay conexión a través del corazón.

Las personas hacen todo tipo de intentos para conectarse con Dios. Intelectualmente, puede que pensemos que si meditáramos lo suficiente, si oráramos lo suficiente, tal vez si practicáramos yoga lo suficiente, nos conectaríamos. Tal vez si nos confesáramos lo suficiente, nos arrepintiéramos lo suficiente, tal vez si estudiáramos lo suficiente, tal vez si leyéramos lo suficiente, tal vez si fuéramos lo suficiente a los seminarios, conoceríamos a Dios. Yo digo que no, jamás así. Jamás.

A través de nuestra reciente gira en Europa, hemos hablado acerca de varios tipos de valor. Está el valor de realizar actos valientes, el cual es el valor de la acción. Eso es en lo que pensamos a menudo cuando pensamos en el valor, y de veras eso puede ser valor. Y luego está el valor de pensar por sí mismo, y ese es un tipo raro de valor. El valor que estoy abordando ahora es el valor de abrir tu corazón, conectarte y permitir que venga a ti lo que vendría a ti en esa conexión para ser conocido por ti—para permitir que venga lo que está disponible para ti del universo, de las otras personas, del planeta y de Dios. En esa conexión encontramos que no solo hay algo que viene a nosotros, sino que también hay algo que viene de nosotros. Hay un conocimiento y un ser conocido.

Así que aquí estamos, separados por océanos y millas. Puede que digas que siempre estamos separados por una especie de espacio; esto simplemente depende de cuán—aparentemente separados por el espacio y muchas otras cosas, por la cultura, por la personalidad, por la raza y el género. Estoy preguntando en este momento si todos nosotros, conectados aparentemente por el teléfono, por la Internet y la transmisión de video, podemos hacer un tipo de conexión ahora mismo y percibir a través del instrumento del corazón la presencia del Ser, la presencia del Ser en todas las personas y por lo tanto en el uno con el otro; la presencia del Ser en todas las cosas, en todas las relaciones humanas.

Existen cosas que hay que saber y existen comprensiones que hay que tener acerca de las otras personas y acerca de las relaciones con ellas. Pero toda esa comprensión brota de un conocimiento y de una conexión con quiénes son y quiénes somos nosotros. Antes que nada, se trata de una pregunta de quién está presente. Y conociendo quién está presente y conectándonos con quien está presente, y viniendo a ello profundamente—antes que nada en nosotros mismos, viniendo a la presencia del Ser—podemos sentir esa misma presencia mutuamente y saber que finalmente no solo estamos conectados sino que hay una presencia en todos nosotros y en toda la creación. Cuando conocemos eso, ese es el principio de toda sabiduría. Y la falta de ese conocimiento es el principio de toda ignorancia.

En Sunrise Ranch hemos publicado recientemente un documento el cual he compartido en este viaje con las personas con quienes nos hemos reunido, y habla de la filosofía de Sunrise Ranch y habla de esa filosofía como enaltecimiento del Ser Universal, enaltecimiento del Ser en todas las cosas y todas las personas, y finalmente en nosotros mismos. En St. Agnes, en el servicio de esta mañana, me regocijé en la práctica de una fe Cristiana verdadera—esa fe como fue enseñada originalmente por Jesús, como fue conocida originalmente por él y practicada por él. Fue una fe basada en un conocimiento del Ser Universal. Y sentí en St. Agnes esta mañana que redimimos esa palabra, Dios , que ha sido tan mal empleada, que se ha utilizado para referirse a una realidad muy distante de lo que somos, muy distante de este planeta, en alguna parte arriba en el cielo, inalcanzable en experiencia y por la conexión para nosotros como seres humanos.

Las personas piensan y hablan de usar el nombre del Señor en vano. El uso de la palabra Dios de esta manera como algo separado y desconectado seguramente es en vano, ya que no conduce a ninguna parte. Jesús enseñó Yo y mi Padre somos uno. Y para que la palabra Dios tenga sentido, eso seguramente debe ser la experiencia. Esa experiencia solo se conoce a través de un corazón abierto. Y donde haya un corazón abierto, esto no puede dejar de ser conocido. Si intentan pensar en ustedes mismos dentro de ello, estarán pensando durante mucho tiempo, y no estarán conociendo. Es solo cómo la mente humana admite la derrota en este sentido, admite su futilidad total, que una persona pueda darse por vencida ante ese intento y abrir su corazón. La mente humana, por sí misma, no conoce a Dios y no fue hecha para eso. Se hizo para ser un instrumento de la conciencia traída a ella por el corazón abierto. Y entonces la mente puede ser un servidor a ese conocimiento—un servidor. Yo creo que tenemos que admitir que, quizás en nombre de toda la civilización Occidental, quizás en nombre de todas las llamadas culturas desarrolladas del mundo, que nuestra mente, por sí misma, es fútil e impotente cuando se trata de las cosas más importantes en la vida; y que su verdadera función es la de aceptar la humildad de ser un servidor a un gran conocimiento que solo viene a la mente a través de su amigo y socio, el cual es el corazón abierto.

Quiero recordar una antigua enseñanza que existió incluso antes de los tiempos de Jesús en la tierra, antes de la vida de Jesús. Es ese antiguo salmo, atribuido al Rey David, pero probablemente de mucho antes—él pudo haber sido el editor, tal vez incluso el redactor, pero muy probablemente no el autor. Estoy hablando del Salmo Vigésimo cuarto, en el cual este conocimiento del Ser Universal fue abordado tan profundamente. Y en las mentes de la mayoría de las personas en todo el mundo, la verdad más profunda de ese salmo está oculta a plena vista, envuelta en un velo del concepto religioso y la idea religiosa que llena la mente humana, pero sin la conexión del corazón a la realidad más profunda que está siendo señalada tan claramente .

“La tierra es del Señor”. La tierra es una encarnación del Ser Universal. “…del mundo, y de los que en él habitan”. Todas las personas, en todas partes, no importa cuán sin conocimiento, no importa cuán ignorantes, no importa cómo se comporten, no importa lo que ha sucedido en sus vidas, pertenecen al Ser Universal. El Ser Universal está dentro de todas las personas, la realidad que correctamente se denomina como Dios, por mucho que esa palabra ha sido malinterpretada. Y de hecho, todos nosotros juntos, toda la humanidad, todo el mundo, estaba destinado a ser el camino por el cual el Ser Universal pudiera estar presente en este mundo. Este mundo no pertenece al intelecto humano, el cual está pensando en cómo puede doblegar a ese mundo a su propia voluntad, doblegar a las otras personas a su propia voluntad, doblegar a la naturaleza a su propia voluntad. Este mundo pertenece al Ser Universal. Y la realidad del Ser está destinada a ser encarnada y manifestada en este mundo.

Pienso en esa oración de Jesús donde tan claramente habló de esto: “Padre nuestro que estás en los cielos, Santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino, Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. Este es exactamente el mismo mensaje que aparece en el Salmo Vigésimo cuarto: que en este mundo, en la tierra, la realidad del Ser Universal está destinada a estar presente, la voluntad del Ser Universal está destinada a hacerse, y el hogar del Ser Universal, que se refiere al cielo, al reino, está destinado a estar presente aquí en la tierra. La unidad es la verdad. Pero no puede haber unidad, no puede haber conexión que conduzca a la unidad sin el valor de un corazón abierto.

Esto, lo sé, es lo que nuestro mundo necesita ahora de nosotros—no nosotros como seres humanos inteligentes, incluso seres humanos espirituales, quienes van a entender todo esto. El mundo nos necesita como Ser Universal encarnado y en expresión a través de nuestra gloriosa humanidad. Y nuestra humanidad llega a ser gloriosa cuando el Ser de lo que somos está en la expresión plena y libre a través de ella. ¿Pero cómo eso sucede alguna vez sin un corazón abierto? Cuando de hecho eso sucede, nos ponemos en contacto con la sabiduría del Ser Universal, la cual es nuestra sabiduría. Y nuestra mente puede funcionar de manera inteligente y brillante y creativa en ese contexto.

Así que agradezco la oportunidad de compartir esto alrededor del mundo. Amor a todos mis amigos y familia en Sunrise Ranch. Los extraño profundamente. Amor a mis amigos alrededor del mundo, muchos de los que he conocido y conozco personalmente, y muchos a quienes no he conocido, pero no obstante creo que nos conocemos mutuamente a través de un corazón abierto—de ser a ser, de amor a amor, teniendo el valor de extender ese amor el cual no conoce ningún límite, ninguna distancia, ningún espacio que podría separar. Y ya que estamos conectados y somos uno en todo el mundo, podemos sentir y conocer la realidad del paraíso, del reino, viniendo a nuestra propia experiencia y viniendo al mundo.

David Karchere

May 28th, 2014
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