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Archive for April, 2014

El destino de un hombre

David Karchere
Estamos presentes en persona para traer la plenitud del poder del amor al mundo. Estamos aquí para traer la vibración del amor. Estamos aquí para traer la enseñanza del amor.

El mundo necesita de tales maestros. Ahora mismo tenemos un número de personas relativamente limitado enseñando los cursos que enseñamos como Emisarios de la Luz Divina. Pero cualquiera puede ser un verdadero maestro del amor universal. Al final, esa habilidad no es algo que cualquier ser humano pueda ofrecerle. Es algo que usted recibe de dentro de su propio ser, algo que le sucede a una persona porque se da cuenta de que no hay ninguna vocación mayor que ser un maestro del amor universal.

Para que una persona verdaderamente sea parte de esa enseñanza, para recibirla y darla, todas las mentiras que tiende a decirse a sí misma acerca de quién es y de qué trata su vida y acerca de las otras personas, tienen que llegar a un punto de ruptura. Y a menudo hay formas asociadas con esas mentiras que las personas se dicen a sí mismas. Hay una vida que corrobora, al menos en la mente de la persona, la mentira que ha estado diciéndose a sí misma. Se rodean con personas que confirman sus peores temores acerca de la humanidad. Actúan a raíz del estado limitado que ellos experimentan y creen en sí mismos. Por lo tanto algo tiene que romperse si una persona va a vivir una vida de amor universal y luego convertirse en un maestro del amor universal.

Sobre todo, algo tiene que partirse en el corazón. Ser un verdadero maestro del amor universal sin duda alguna no es únicamente una cuestión intelectual. Es una cuestión de conciencia — tenemos que ser conscientes acerca de lo que en realidad está sucediendo en nuestra experiencia — pero esto no es únicamente una cuestión intelectual o de consciencia. Es una cuestión del corazón, como debería ser obvio. No podemos ser un maestro del amor universal con un corazón detenido. Sé que hay todo tipo de razones por las que se detienen los corazones de las personas. Generalmente se reduce a algún tipo de daño u otra cosa, infligido por alguien más o autoinfligido y por lo tanto existe una tendencia protectora. Así que algo tiene que romperse para que una persona se haga verdaderamente sabia, para que conozca el amor universal por sí misma — como Jane Anetrini estaba diciendo recientemente, para que conozca su propia integridad, su propia santidad, su propia magnificencia; para que sepa que es un instrumento y un medio para el amor universal. Algo tiene que romperse.

Como un hombre de ahora sesenta y un años de edad, he observado mi propia experiencia. He sido testigo de mi propia pena y sufrimiento, testigo de las creencias acerca de mí mismo que fueron y son falsas. He experimentado el menosprecio de otros hombres y he tenido que enfrentar la vergüenza que está presente en mi propio corazón. Me he enfrentado a la desilusión y la decepción y al frío profundo del resentimiento de las personas de quienes deseaba que hubiera amor. Y he tenido un asiento en primera fila para ver que el hombre que soy llega a conocer algo de mi propia integridad y conocer esto no simplemente sobre una base consciente o intelectual, sino como un asunto del corazón. También he tenido la oportunidad de ver a los hombres a mi alrededor y ser testigo de lo que sucede con respecto a los hombres: la cautela, el temor de ser lastimado — otra vez; todas las cosas que compensan ese temor y toda la actitud defensiva que un hombre puede construir, y toda la pretensión.

Puedo hablar desde mi experiencia personal y decir que las limitaciones en la conciencia y las mentiras que los hombres se dicen a sí mismos los debilitan de su vitalidad y fuerza. Y claro, puede haber una pretensión — la llamamos ego. Así que como hombre, puedo hacer una pretensión de vitalidad, fuerza, confianza y rectitud, pero esas cosas apenas compensan una falta de mi auténtica vitalidad y fuerza como hombre, o un conocimiento de mi propia integridad y santidad, mi magnificencia y el conocimiento de que soy un instrumento y un medio para el amor universal. Y así es para cualquier hombre, y en última instancia para cualquier persona.

Hay quienes, en este día, dicen que es el momento del ascenso de lo femenino y que lo que va a salvar este mundo es el ascenso de lo femenino. Y no tengo ninguna discusión con eso. Es una época del ascenso de lo femenino, y eso es algo hermoso para presenciar. Es hermoso presenciarlo en las mujeres, y es algo hermoso permitir que suceda en uno mismo como hombre y presenciarlo en los otros hombres. Y todavía pregunto, ¿alguien realmente cree que lo que tiene que suceder en este mundo de hoy tendrá lugar sin los hombres que han partido y lidiado con el temor de su propia vulnerabilidad y que son parte de un conocimiento de su propia integridad, su propia santidad, su propia magnificencia y el hecho de que están presentes para ser un instrumento del amor universal?

Es difícil imaginar que este mundo será un buen lugar sin tales hombres, sin los hombres que, porque son un instrumento abierto para el amor universal, consideran que pueden traer la fuerza y la vitalidad de ese amor y llevarlo a su mundo de manera inconmensurable, más allá del límite, en la medida necesaria. Los hombres que están tan profundamente en contacto con la generosidad de ese amor, con la naturaleza ilimitada y eterna de ese amor, que tienen la fuerza y la vitalidad del mismo para llevarlo a cualquier persona, cualquier situación, a su mundo y el mundo; los hombres que traen la conciencia iluminada de que somos seres humanos creados en el patrón del Creador.

Este mundo necesita de tales hombres, hombres que conocen esa realidad por sí mismos y, porque conocen esa realidad por sí mismos individualmente, no tienen ningún problema, ninguna discrepancia con unirse a otros hombres como uno; sabiendo que solo así se puede traer la medida total del amor universal que es nuestra herencia al mundo. Solo así se puede traer todo el poder de ese amor a través de nosotros como instrumentos de ello.

Hay trabajo para que las mujeres hagan, y hay liderazgo para que las mujeres ofrezcan en el mundo de hoy. Y sin ese liderazgo, creo, nuestras esperanzas como raza no son altas. Hoy estoy escribiendo acerca del liderazgo que se necesita de los hombres. Lo que estoy abordando también es relevante en la vida de una mujer. Pero considero impropio de un hombre esperar que las mujeres logren de lo que estoy hablando sin que los hombres lideren el camino. Y cuando los hombres lideran el camino en este asunto, hacemos el sendero fácil para las mujeres. Si no lo hacemos, les estorbamos en extremo.

Así que le digo esto a mis amigos hombres, dejen que sus corazones se rompan, que todo el amor de su Padre que está en el cielo pueda entrar, sabiendo que esa realidad es una realidad para todos nosotros como hombres. Y si bien hay una forma única en que nos alcanza a cada uno de nosotros, en última instancia es una realidad unificadora de amor. No solo nos salvará personalmente y traerá nuestra curación — nuestro conocimiento de nuestra propia integridad, santidad, magnificencia y naturaleza de amar — sino que nos sanará como hombres juntos. Permitirá que conozcamos nuestra unidad, y nos permitirá traer la vitalidad unificada y la fuerza unificada, la única vitalidad, la única vida, la única fuerza de ser, de nuestro Padre, a este mundo. No creo que haya alguna salvación para nuestro mundo sin esto. En otro día una mujer podría abordar el liderazgo que las mujeres necesitan traer. Pero yo, como hombre, estoy hablando acerca del liderazgo que nosotros, como hombres, estamos destinados a traer. Déjennos cumplir este destino.

David Karchere

April 25th, 2014
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