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El Pulso del Espíritu

Nuevas ideas, inspiración y visión sobre el proceso de transformación espiritual


Nuestro amor más grande

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Vivimos en una cultura en la que se ha roto el vínculo más primario que debería estar presente en la experiencia humana. Para nosotros es tan natural que conocemos mutuamente ese vínculo primario. Es el vínculo primario que nos conecta con todo el círculo de la vida en el que vivimos en este planeta. Es ese mismo vínculo que nos conecta con nosotros mismos, con el Dios o la Diosa que vive en el lugar más profundo de nuestra propia alma y busca expresión a través de nosotros, como nosotros.

Especialmente en el mundo desarrollado, se ha roto ese vínculo primario que conecta todos los componentes esenciales de la vida humana. Al parecer no está totalmente roto—estamos aquí, vivos y respirando—pero no obstante ha habido una gran ruptura en el mismo, y por lo tanto tiene que haber una gran curación en ese vínculo primario.

Debido a la ruptura, ocurre todo tipo de cosas destructivas en la experiencia humana. Las experiencias de miedo, odio y competencia combativa, que son totalmente anormales, comienzan a verse como normales.

Hay todo tipo de cosas que conocemos en el mundo en el que estamos viviendo que no son correctas y no son naturales. En la base de eso está que hemos perdido nuestra espiritualidad primaria, la espiritualidad con la que nacimos que forma parte de nosotros, y dentro de la cual se encuentra nuestro vínculo primario con el mismo corazón y alma del Creador que está dentro de nosotros, que es la auténtica realidad de lo que somos.

Así que pregunto, ¿podría haber algún papel más importante en el planeta Tierra hoy en día que curar ese vínculo primario? Si considero mi hogar, Sunrise Ranch, y todas las fases de lo que hacemos, veo oportunidades para curar el vínculo primario. Cuando estamos cuidando el jardín, estamos tratando de reparar el vínculo primario que tenemos con toda la Creación y con los demás. Cuando nos reunimos aquí en el Dome, ya sea para un concierto o una conferencia o para un servicio, estamos tratando de reencontrarnos más profundamente con ese lugar más profundo dentro de nosotros, para conocerlo por nosotros mismos y en nosotros mismos, y entonces conocerlo mutuamente y compartirlo abiertamente y amplificarlo. Estamos curando el vínculo primario.

Lo que ha sucedido en la pérdida del vínculo primario es que se ha producido una pérdida de fe en el mismo proceso de la Creación. Y por lo tanto tenemos miedo como seres humanos, y pensamos que tenemos que protegernos y defendernos, no solo como un acto sabio en un momento dado sino como un modo de vida. Y al actuar motivados por el miedo, pensamos que tenemos que ganarnos la vida a duras penas, tenemos que manipular para lograr las cosas, y no podemos tener fe en los principios fundamentales de la Creación.

La Creación es, en su corazón y en su alma, un proceso espiritual—no un proceso mental, no un proceso de manipulación emocional, no un proceso de construcción física. Sí, incluye todas esas dimensiones de nuestro ser, pero en su corazón, para nosotros como seres humanos, el proceso creativo comienza con nosotros simplemente siendo nosotros mismos y expresándonos a nosotros mismos, y expresando nuestra creatividad en todas las formas que se nos presentan para hacer eso y dando nuestro regalo en el nivel más alto de nuestro ser en el mundo. Cuando realmente hacemos eso, tiene lugar la creación, tiene lugar el proceso creativo, hay algo que regresa en el funcionamiento de la Única Ley de la Creación, lo cual es el flujo del toro. Algo sale y algo regresa, y todo ello funciona, y todo ello trae vida.

Para muchas personas, la fe en ese suceso ha desaparecido. Y por lo tanto parece provechoso o conveniente o mejor hacer otra cosa en sus vidas que traer el regalo más grande que tienen para traer al mundo en el que viven. ¿Cuántas personas conoces que han hecho ese cálculo? “Sería mejor si traigo algo que no sea el regalo más grande que tengo para darles a otros seres humanos y al mundo”.

Tuve que considerar eso en un momento dado en mi vida, cuando al parecer tenía la opción de elegir cuál rumbo iba a seguir mi vida. Pensé en la trayectoria en la que me encontraba, y sabía que había más para dar que se cumpliría mediante esa trayectoria. ¿Alguna vez has mirado a tu alrededor y has notado eso? Alguna vez has pensado: “¡Vaya, si sigo este rumbo, no va a salir lo que tengo dentro de mí; no habré llevado a cabo mi vida!“. Y luego, al parecer, si sigues este otro rumbo, bueno, quizás no tengas un retiro lujoso. Bueno, déjame ver… ¿Qué me importa más? ¿Cuál es el mayor riesgo en mi vida: llegar al final de la misma y pensar en el pasado y decir: “Bueno, parece que realmente no lo hice”, o llegar al final de mi vida y pensar: “No tuve tantos juegos de golf como quería”?

Estoy totalmente a favor de nuestros años mayores. Y aunque no juego al golf, estoy totalmente a favor de los deportes recreativos. Pero como me acaba de decir un nuevo amigo: “Estoy aquí para ayudar a las personas con su obituario y epitafio. Estoy aquí para ayudar a las personas a saber, cuando llegan al final de sus vidas, que realmente dieron su regalo”.

Cuando damos lo más alto de lo que somos—cuando damos nuestro amor más grande y nuestra verdad más alta y dejamos que encuentre su manera en la expresión en nuestra vida en todas las cosas que hacemos—ponemos en marcha un poderoso proceso de la creación. Estamos curando el vínculo primario.

David Karchere

April 21st, 2017
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